Crítica de Los Juegos del Hambre

Para todos aquellos que adoramos el mundo del cine, descubrir una película especial es un pequeño gran regalo. Sí, en lugar de una película, lo que descubres es toda una saga…es como si te tocara el premio gordo. Y eso es lo que yo puedo decir de “Los Juegos del Hambre”, una película que comenzó sin interesarme mucho la primera vez que oí hablar de ella, luego, poco a poco, fue llamando mi atención, cada vez más, hasta el punto de esperar impaciente el día de su estreno. Y, unos días después de verla, me encuentro con el primer libro de la saga esperando en mi mesilla, y con muchas, muchas ganas, de ver ya la segunda parte.

 Y es que la adaptación a la pantalla grande de la saga literaria creada por Suzanne Collins no puede dejar a nadie indiferente. A mí, personalmente, me encantó desde el primer momento el mundo de Panem y, sobre todo, la gran protagonista de la historia, Katniss Everdeen, uno de los mejores personajes que he conocido en mucho tiempo…y eso, sin haber leído aún los libros.  Que me perdonen, por tanto, los lectores de la saga, por si se me escapa algún disparate en esta review.

 Por si hay algún despistado, la película narra la historia de Katniss, una joven de dieciséis años, que decide sustituir a su hermana menor como tributo en los llamados “juegos del hambre”, una lucha a muerte televisada en la cual, anualmente, participan un chico y una chica de cada uno de los 12 distritos que forman la nación de Panem. Y, hecha la presentación, aviso a quien siga leyendo…¡peligro SPOILERS!

 A pesar de las 2 horas y media de duración, la película no se hace pesada en ningún momento, sino todo lo contrario. Comenzamos con una breve introducción del Distrito 12, donde vive nuestra protagonista, y poco después, llega la preciosa escena del sacrificio de Katniss, cuando se ofrece a ocupar el lugar de su hermana.  Es también aquí cuando conocemos al tributo masculino del Distrito 12, Peeta…con el que Katniss no parece, inicialmente, llevarse demasiado bien.

 A partir de ahí, nos adentramos de lleno en el fascinante mundo del Capitolio, con sus singulares personajes, donde Katniss y Peeta recibirán una preparación exprés antes de iniciarse los Juegos. Quizá, en esta parte de la película, eché un poco de menos una mejor presentación de los demás tributos, cosa que supongo no ocurre en el libro. Pero sí me encantó todo lo demás: el ambiente del Capitolio, el impresionante desfile de presentación de los tributos, las estrategias de captación de patrocinadores (¡qué grande ese flechazo a la manzana!) y cómo, en general, Katniss va poco a poco ganando popularidad y sorprendiendo a todos…dejando un tanto de lado a Peeta, hasta que al chico se le ocurre la brillante idea de confesar que lleva años enamorado de su compañera, dando el pistoletazo de salida a la trágica historia de los dos tributos enamorados, que tanto juego dará a lo largo de la película.

 El último tramo, el más apasionante, son los propios Juegos del Hambre, esa locura disparatada en la que 24 chavales compiten entre ellos en plan Los Inmortales, sólo puede quedar uno. Buena prueba es la masacre del inicio, que pierde un poco por esos bruscos movimientos de cámara y esos planos acelerados que no dejan apreciar lo que está sucediendo. Aunque tiempo de ver muertes hay más que de sobra. Curiosa, muy curiosa, la forma de transmitir la información de los tributos caídos, desplegando la noticia por los cielos, un ejemplo más de las muchos aspectos originales que ofrece la película. Y curiosa, también, la “alianza” de Peeta con el grupo aparentemente más peligroso de tributos, que se unen y van a la caza y captura de Katniss. No me quedó claro por qué el chico no se pega a su compañera de Distrito desde el comienzo de los juegos, dado que, luego, él mismo le echa un cable para huir del enjambre de abejas venenosas. En cualquier caso, Katniss se encuentra con la inesperada ayuda del personaje más entrañable de la película, la pequeña Rue. Nos dan poco tiempo para conocer a la joven tributo del Distrito 11, pero es más que suficiente para encariñarse con ella y para pasar un mal trago en la escena de su muerte. Brillante Jennifer Lawrence aquí, cómo refleja el dolor y la soledad de su personaje tras la muerte de Rue. Y qué duda cabe de que la escena en que saluda al público, tras el emotivo entierro de su amiga, es una de las más bonitas de toda la película.

 En la parte final, Katniss y Peeta se reúnen, por un repentino cambio en las reglas: cuando se anuncia que podrá haber 2 ganadores, siempre que pertenezcan al mismo distrito, la chica va en busca de su compañero. Y vaya con Peeta y sus camuflajes, tremenda esa casi conversión en piedra, poniendo también un toque de humor en este tramo romántico, plagado de escenas íntimas y emotivas de los dos protagonistas, ocultos en su cueva, donde pasan de fingir estar enamorado a estarlo realmente, beso a lo Gran Hermano incluido. Me pareció un poco acelerado, por poner una pega, el desenlace final, se le podía haber sacado más partido a ese tremendo monstruo que introducen en la partida o a la pelea final con Cato.  Pero el final del juego, en el que Katniss y Peeta dejan en evidencia ante todo el público a los organizadores, lo compensa.

 Ya he comentado lo mucho que me gustó Jennifer Lawrence, que eclipsa, de principio a fin, a su coprotagonista, Josh Hutcherson…¡qué gusto encontrar, por fin, a una gran protagonista femenina! Otra sorpresa agradable del reparto ha sido Lenny Kravitz. Destacar también la ambientación, la fotografía, y, sobre todo, el vestuario, más que peculiar. La banda sonora tiene grandes momentos, como la escena de la muerte y el entierro de Rue, aunque para mi gusto es mejorable…y se echan de menos los temas de la banda sonora alternativa, que apenas se pueden escuchar en los títulos de crédito. Me hubiera encantado, por ejemplo, escuchar la preciosa “Safe & Sound” de Taylor Swift en el momento cueva de la pareja protagonista.

 En suma, una gran película, mezcla de realidad, fantasía, ciencia ficción, romance y épica, que nos presenta un mundo fascinante, con una protagonista carismática y con un trasfondo político en el que nos quedamos con ganas de profundizar…tocará esperar al año que viene, y acudir, mientras tanto, a la saga literaria.

Crítica de Amanecer, Parte I

“Puedes huir de alguien a quien temes, puedes intentar luchar contra alguien a quien odias. Te quedas sin opciones cuando amas a tu potencial asesino. ¿Acaso es posible huir o luchar si eso causa un grave perjuicio a quien quieres? Si la vida es cuanto puedes darle y de verdad le amas por encima de todo, ¿por qué no entregársela?”

Así comienza el cuarto libro de la saga “Crepúsculo”: “Amanecer”. Unas breves líneas de su prefacio que dejan bien claro de qué va la historia: no es una historia de terror, ni de acción o de aventuras, por mucho vampiro y hombre lobo que aparezca en ella. Por si a alguien aún no le ha quedado claro, es simplemente una historia de amor. De amor y de sacrificio: el que hace Bella, dispuesta, ya sin más dilación en esta cuarta parte, a dar su vida para pasar la eternidad con Edward. Los fans de la saga así lo entendemos y no esperamos, o al menos yo no esperaba, ver otra cosa en el cine. Aquellos que sí lo esperaran, a estas alturas, francamente podrían haberse ahorrado el precio de la entrada y las 2 horas de su tiempo. Dicho esto para contrarrestar las críticas destructivas que circulan por ahí, no negaré que la película tiene sus fallos. Pero, por encima de todo, creo que, al igual que con las anteriores, se ha conseguido una más que decente adaptación del libro de Stephenie Meyer.

Pero vamos con la historia de “Amanecer”, que está dividida en tres partes claramente diferenciadas: boda, luna de miel y embarazo. De ellas, he de admitir que a mí las dos primeras se me hicieron un poquito largas. Pero partiendo de la base de que el último libro se había dividido en dos películas, tampoco había mucho más que contar en esta primera parte.

La película no se anda con preámbulos y va directa a la “boda del año”, en un tramo emotivo y en general bien llevado. Me gustó sobre todo el detalle de retomar la banda sonora de la primera película durante la parte central de la ceremonia. Me gustó también la actuación de los dos protagonistas, en su línea, quizá un tanto más empalagosa de la cuenta, pero a fin de cuentas el momento lo requería. Y me gustó la participación de Jacob en este tramo, captando la esencia de los libros en su breve conversación con Bella y en su triste y brusco final. Tampoco falta el toque cómico de Charlie en su discurso de boda, aunque el resto de intervenciones “humorísticas” para mí estaban de más y se las podrían haber ahorrado, pero supongo que algún diálogo debían tener los compañeros de clase de Bella o su insustancial madre, esa extraña mujer que se muere de alegría al ver casarse a su hija de 18 años.

En la luna de miel, tiene lugar el momento, probablemente, más esperado por los fans de la saga, cuando Edward y Bella “consuman” su recién estrenado matrimonio. Y desde luego que nos podemos recrear en la escena, a la que no le falta detalle, con los divertidos nervios iniciales de la novia, depilación exprés incluida, o el bonito tramo, tan fiel al libro, del baño a la luz de la luna, o, por supuesto, el momento “cama destrozada”, que nos indica claramente los esfuerzos del pobre Edward por mantener el control y no cargarse a Bella en plena acción. Destaco de nuevo la fidelidad al libro y también la química entre la pareja protagonista, que obviamente debió disfrutar de lo lindo rodando esta película.

    fabricando a Renesmee….
                                                                                                                                                                                                    

El resto de la luna de miel no aporta mucho más, salvo unos bonitos paisajes, hasta llegar al momento clave: el inesperado embarazo de Bella, descubierto tras un extraño antojo mañanero en forma de alitas de pollo. Y si el shock inicial de Edward no tiene desperdicio, el resto del periodo de gestación no se queda atrás: el bebé semihumano-semivampiro está dispuesto a ver el mundo bien rapidito y a consumir a su madre en el camino. Pedir un Oscar al mejor maquillaje quizá sea excesivo pero, desde luego, nadie negará que la rápida degradación de Bella durante su embarazo está muy bien conseguida y que la pobre Kristen da auténtica grima. De hecho, si su marido no pidió en esos momentos la anulación del matrimonio, qué duda cabe de que su amor es para siempre. Y lo mismo o más se puede aplicar a Jacob, que se enfrenta a toda su manada para proteger a Bella cuando los lobos amenazan con matarla para deshacerse del monstruito que lleva dentro.

Bella y Edward se ocultan en casa de los Cullen, esperando que Carlile pueda hacer algo por ayudarla, pero la “cosa” que hay en su interior, como bien dice el doctor, es incompatible con la vida de Bella. Edward y Jacob (qué mal lo pasa el pobre en esta película, para variar) intentan convencerla para forzar un aborto, pero a la chica se le ha desarrollado un sorprendente y repentino instinto maternal. En realidad, lo que Bella siente es una profunda conexión con su bebé casi desde el primer momento, algo en lo que se ahonda más en el libro y que puede despistar a los no lectores por ese empeño sin sentido en tener al bebé. Finalmente, el propio Edward descubre esa conexión cuando comienza a leer los pensamientos de su hijo. Todo un bebé prodigio, desde luego, que debería haber echado una mano a sus padres en la elección de su nombre. Bella, en un alarde de originalidad, y en la que para mi gusto es la peor escena de la película (y de las más absurdas del libro) decide poner a la criatura “Edward Jacob” si es niño y la combinación de los nombres de su madre y su suegra, Renesmee, si es chica. En fin, se lo perdonamos por el estado en que se encuentra…

y esto por no usar condón…
 

 Y llegamos al otro momento estrella: el parto. Desde luego, quien diga que los embarazos son una bendición no ha pasado por el infierno de Bella. La escena en que el precioso bebé le rompe los huesos a su madre moribunda es estremecedora. Y aprovecho para romper una lanza aquí a favor de Kristen Stewart, a la que tanto han criticado por sus dotes interpretativas. No lo tenía nada fácil en esta película, y sale del paso más que bien. Tampoco está nada mal en este tramo Robert Pattinson, reflejando la angustia de Edward en esos minutos agónicos en los que tiene que asistir el parto de su hija mientras convierte a su mujer en vampira. Que tomen nota los padres que se desmayan en el paritorio.

Dejo un párrafo para Jacob y su momento estelar: la imprimación de Renesmee. El pobre Jake soporta estoicamente la boda de Bella, e incluso su embarazo. Pero, cuando cree que la chica ha muerto, estalla por fin y se dispone a matar a la responsable: su hija recién nacida. Pero, cuando ve a la niña, algo sorprendente ocurre: Jacob queda imprimado de la pequeña. Aunque el momento de la imprimación está bien, con líneas del libro calcadas en boca de Jake y hasta con los flashes de Renesmee, no se le da, en general, la importancia que tiene en el libro, y tanto este tema como el de los machos alfa de la manada de lobos, que justifica porqué Jacob puede comandar a su propio grupo, se tocan muy de refilón en la película. Una pena, porque quizá merecían más minutos que se le podían haber quitado a los felices recién casados sin mermar el romanticismo de la peli. Otra historia es lo que cada uno opine del tema de la imprimación. A mí, personalmente, no me gustó nada cuando leí los libros y, en el caso concreto de Jacob, me pareció una solución facilona para no dejar al pobre chico solo después de tanto sufrir por Bella. No todo el mundo tiene porqué tener un final feliz, eso suponiendo que ese extraño “hechizo” que anula cualquier sentimiento previo se pueda considerar como algo feliz. Y eso de que Edward y Jake acaben siendo suegro y yerno, en fin…

“Amanecer” termina de la mejor forma posible: con el despertar de Bella en su nueva vida, tras una bonita escena en la que vemos su proceso interior de transformación y algunos flashbacks de su historia, mientras suena de fondo “Love death birth”, probablemente el tema instrumental más bonito de la banda sonora.

Y así nos quedamos, con la nueva vampira sedienta de sangre y con Jacob imprimado del bebé de Edward y Bella. Un buen final y, como decía al comienzo de esta review, una buena adaptación. Personalmente, “Amanecer” nunca fue mi libro favorito de la saga, sino más bien al contrario, pero reconozco que me quedo con ganas de ver su final cinematográfico y no dudo de que el cierre de la saga estará a la altura…para sus fans. El resto, ya puede ir buscando una nueva cabeza de turco para el año próximo.

 

Crítica de One Day (Siempre el mismo día)

Aunque con un poco de retraso, no quería dejar pasar la oportunidad de escribir unas breves líneas comentando la película que ha sido, para mí, la más grata sorpresa, hasta ahora, de este 2011: One day (Siempre el mismo día). Una película que no aspiraba a ser uno de los grandes taquillazos de la temporada, que no tiene grandes efectos especiales, ni escenas espectaculares, pero sí una preciosa historia con la que buena parte de los espectadores podrán sentirse, en mayor o menor medida, identificados. Eso, al menos, me ocurrió a mí. Quizá por el día en torno al cual gira toda la película, curiosamente el día que yo escogería si tuviera que seleccionar una fecha señalada de este 2011. Quizá por los lugares donde transcurre la historia, París, Londres y, en especial, Edimburgo. Y, por supuesto, por la historia en sí misma…

Y esa historia es la historia de Emma y Dexter, contada, durante dos décadas, a través de un mismo día: el 15 de julio. Comienza cuando ambos acaban de terminar la universidad. Una noche de borrachera típica de las fiestas locas universitarias, en la que ambos están a punto de acabar en la cama. Pero circunstancias varias lo impiden y, a partir de ahí, ocurre algo que no esperaban: se hacen amigos. Es más, se convierten en mejores amigos el uno para el otro. Y, año tras año, siempre el mismo día, tendremos oportunidad de ver cómo evoluciona esa amistad. A veces más unidos, otras menos, pero siempre estando muy presentes uno en la vida del otro, vemos como Dex y Emma pasan de jóvenes a adultos, cada uno a su manera: Dexter, viviendo la vida loca durante tanto tiempo como le es posible, flirteos con el alcohol y las drogas incluidos, hasta que no tiene más remedio que madurar. Emma, tomándose las cosas, quizá, demasiado en serio y cometiendo algunos errores considerables como dejar atrás sus sueños por un trabajo que no la llena o conformarse con un buen chico que no es, a pesar de todo, el hombre del que siempre ha estado enamorada. Con el paso del tiempo, sin embargo, ambos acaban enderezando poco a poco sus vidas y, de una u otra manera, sus caminos vuelven a cruzarse. Al fin y al cabo, y como bien le dicen a Dexter al final “ella te hacía mejor y tú a ella la hacías muy feliz.”

Lo mejor de “One day” es que consigue que el público conecte con los personajes, que te creas su historia y que la vivas con ellos. Mezcla de forma perfecta situaciones divertidas, románticas, amargas o trágicas. Situaciones de la vida cotidiana que, sin embargo, o quizá precisamente por eso, consiguen emocionar. Buena culpa de ello la tienen los dos protagonistas, Anne Hathaway y Jim Sturgess, que brindan una interpretación sincera y emotiva y que conectan con una química muy especial de principio a fin. No me olvido de la banda sonora a cargo de Rachel Portman, en especial de ese precioso “We had today” que suena en la última escena, para mí, la mejor de toda la película, cuando vemos a unos jóvenes y despreocupados Dexter y Emma en la hermosa colina escocesa de Arthur site, solapándose en un estremecedor contraste con el mismo lugar donde termina su historia, cuando la vida ha pasado su correspondiente factura, 20 años después, un 15 de julio de 2011…

“One day” es, en definitiva, una película que conseguirá emocionar a cualquiera con un mínimo de sensibilidad y sentimientos. Y una película que nos recuerda la importancia de aprovechar el tiempo que tenemos con las personas que son especiales para nosotros. Personas que, en ciertos casos, podemos tener delante sin apenas darnos cuenta o sin tener el valor de reconocerlo hasta que, quizá, ya sea demasiado tarde.

Crítica de Harry Potter y las reliquias de la muerte, Parte II

Hace apenas una semana comentaba aquí lo difícil que me resultaba encontrar las palabras adecuadas que sirvieran como tributo a la saga de Harry Potter. Hoy, me encuentro con la misma dificultad a la hora de hacer la review de la última película. Podría decir tantas cosas…Podría decir que es, sin duda, la más espectacular, apasionante y emotiva de la saga. Podría decir que superó mis expectativas, que ya de por sí estaban por las nubes. Podría decir que es el broche de oro a toda una década de magia. Que todos los actores, tanto principales como secundarios, están inmensos. Que las dos horas que dura la película se me pasaron en un suspiro. Podría seguir así, llenando más y más párrafos…y me seguiría quedando corta. Así que simplemente intentaré dar un repaso general a esta película maravillosa, con aviso de SPOILERS y de nula objetividad por mi parte, y que cada cual juzgue por sí mismo cuando la vea.

Las Reliquias II comienza exactamente donde lo dejamos, allá por Noviembre del pasado año. Y nos deja apenas 5 minutos introductorios de respiro antes de pasar a la acción, que ya no parará en el resto de la película. Harry, Ron y Hermione averiguan la localización de un nuevo horrocrux y parten del refugio de la Orden al asalto de Gringotts. Me detengo aquí en la escena en que Hermione se hace pasar por Bellatrix, para resaltar el gran trabajo de Helena Bonham Carter, adoptando los mismos gestos de Emma Watson y brindándonos una de las escenas más divertidas de la película. Tremendo el asalto a Gringotts, la escena de la multiplicación de objetos en las cámaras es probablemente de lo mejor de toda la saga en cuanto a efectos especiales, y la huida del trío en el dragón no se queda atrás, además de brindar unas preciosas panorámicas de Londres y de los lagos del Norte de Escocia.

Y, por fin, Harry, Ron y Hermione regresan a Hogwarts, tras el breve encuentro con el hermano de Dumbledore y una corta mención a la trágica historia familiar. Una historia que han pasado muy por encima en el cine y que quizá habría merecido un poco más de detalle. Pero volvamos al centro de esta última película potteriana: la batalla de Hogwarts. Empiezo destacando el enfrentamiento de Harry y Snape, con una intensa escena en la que Harry acusa al nuevo director de traidor y asesino frente a todos los alumnos de Hogwarts y Snape acaba huyendo. Pero la alegría dura poco. Llega el primer toque de atención de Voldemort: Potter tiene una hora para entregarse o él y su ejército asaltarán el castillo. Mención especial aquí para la gran intervención de la profesora MacGonagall, se la echaba de menos y Maggie Smith está genial en su papel. Me encantó cómo defiende a Harry y, sobre todo, cómo organiza la defensa del castillo, una de las escena que particularmente más me han gustado, con las impresionantes estatuas de Hogwarts cobrando vida y los miembros restantes de la Orden lanzando sus hechizos protectores al cielo.

Llegamos a la calma antes de la tempestad final, en la búsqueda del siguiente horrocrux. Grande aquí, como siempre, Luna, solucionando con sus ideas extravagantes lo que parecía una misión imposible. No me cansaré de destacar el gran acierto de escoger a Evanna Lynch para el papel, que borda de principio a fin y que la convierte en uno de los personajes más entrañables de toda la saga, pese a aparecer sólo a partir de la 5ª película. Muy bien llevada, también, la escena de la Dama Gris.

Pero, sin duda, en este tramo de la película el corazón de todos los fans potterianos  estaba con Ron y Hermione en la Cámara de los Secretos, donde sabíamos que tendría lugar uno de los momentos más esperados de toda la saga: el primer beso de la pareja. Curiosamente, si bien la escena previa de la destrucción del horrocrux es brutal, me esperaba algo más del  “momento beso”, quizá por la rapidez con que sucede todo, o por esos planos tan alejados. Siendo una de las escenas más esperadas, te deja con ganas de haber visto algo un poquito más romántico…después de tantos años de espera. Aunque bien es cierto que no es momento para romanticismos. Gran final, en cualquier caso, para la mejor pareja potteriana, y grandes Rupert y Emma, que han sabido transmitir como nadie esa relación tan dulce y especial que Rowling creó en sus libros, aunque ambos queden un poco diluidos en esta última entrega.

Mientras le pelea continua en el castillo, con otro de los grandes protagonistas de esta última película, Neville, aportando un pequeño toque de humor para relajar el ambiente, nos vamos a la sala de los menesteres. Allí, asistimos al último enfrentamiento Harry-Draco, en otra memorable escena en la que Potter le hace ver a Malfoy que no es tan malvado como aparenta, para terminar rescatándolo de las llamas. Y sí, me encantó Ron en su momento de caballero andante de Hermione, tenía que decirlo…

No quiero olvidar las sobrecogedoras escenas que nos muestran los últimos chispazos de la conexión Harry-Voldemort, cuando el Señor Tenebroso se va debilitando conforme va perdiendo su alma cachito a cachito con la destrucción de los últimos horrocruxes. Da gusto ver a Voldemort vulnerable. Y Daniel Radcliffe demuestra que ya no es ese chaval que ponía caras raras hace unas cuantas películas y refleja muy bien esos momentos de angustia de Harry, intentando penetrar en la mente de su enemigo.

Y así, llegamos a la caza del, en teoría, último horrocrux: la serpiente de Voldemort, Nagini. Memorable la escena en que Harry, Ron y Hermione salen del castillo en busca de la serpiente, topándose en su camino con la batalla en pleno apogeo y viendo morir a sus compañeros a cada paso. Si alguien sigue diciendo, tras ver esto, que las películas potterianas son sólo para niños, es digno merecedor de una maldición Cruciatus.

Y vamos con el otro gran protagonista de Las Reliquias de la Muerte: Severus Snape. Cuando Voldemort descubre que su en teoría infalible varita no le obedece como es debido, porque Snape es su legítimo dueño (o al menos eso piensa él…), decide acabar con su fiel servidor. Una muerte cruel que es presenciada por el trío. Snape, en sus últimos instantes, ofrece un pedacito de sus recuerdos a Harry, y muere mirando a los ojos de su gran amor,  Lily Potter, a través de su hijo, en una triste y bonita escena. Lo que nos lleva a la parte del pensadero, que para mí ha sido la más grata sorpresa de toda la película. Es curioso, había multitud de escenas que me había imaginado miles de veces y que tenía marcadas como posibles favoritas. Y esta no era una de ellas. Pero ha terminado siendo, probablemente, la más conmovedora de toda la película. La historia del sacrificio de Snape y de su gran amor por Lily, la madre de Harry, no se podía haber contado de mejor manera y no creo que haya dejado a nadie indiferente. Grandísimo Alan Rickman y preciosos esos flashbacks que no sólo nos muestran la muerte de Lily, sino que nos dan un breve pero emotivo paseo por algunos de los mejores momentos Harry-Snape.

Me he saltado el momento en que Harry, Ron y Hermione regresan al castillo y descubren las muertes de Fred, Lupin y Tomsk. Aquí va el único pero que le puedo poner a la película: estos tres personajes, y, en especial, el gemelo Weasley, merecían un poco más de atención en su despedida. Cierto que en el libro tampoco la tuvieron, pero, dentro de las concesiones que se han hecho en la adaptación, ésta sin duda lo merecía. De hecho, creo que la falta de dramatismo en las muertes de personajes importantes como Sirius, Dumbledore o Fred es la principal pega que se puede poner a toda la saga cinematográfica de Harry Potter.

 

Y pasamos ya al tramo final. Daniel Radcliffe se convierte, en el desenlace, en el protagonista absoluto (con permiso de Neville) y la verdad es que su actuación está a la altura de las circunstancias. Gracias a los recuerdos de Snape, a Harry se le revela la terrible verdad: él es el horrocrux que Voldemort nunca quiso crear, de ahí su cercana conexión y de ahí que el chico deba sacrificar su vida si quiere destruir a su enemigo. Harry acepta su destino, y parte al bosque para enfrentarse a Voldemort. Nos encontramos aquí con una escena que no está tal cual en los libros, pero que realmente merece la pena introducir: la despedida de Harry, Ron y Hermione. Otra gran escena, sin duda de las más esperadas, era la de la piedra de resurrección. Y no decepciona en absoluto: muy fiel al libro y sin duda de las que habrá hecho saltar más de una lágrima.

Llegamos, por fin, a la “muerte” de Harry. Otro momento clave en el que, por cierto, vemos por primera vez en toda la película al desaparecido Hagrid, que es testigo principal del escalofriante “Avada kedavra” de Lord Voldemort. El rayo verde nos traslada a una blanca, inmaculada y fantasmal estación de King´s Cross. Allí, tiene lugar el reencuentro de Harry y Dumbledore y el viejo profesor se despide de nosotros con una emotiva conversación con su alumno predilecto. Una aclaración para todos aquellos que aún piensen que Harry resucita: Voldemort no mata a Harry en ningún momento, sino a la parte de sí mismo que vivía dentro de Harry…al Horrocrux que creó accidentalmente, y que se personifica en esa horrible y deforme criatura que Harry encuentra en su limbo particular y que creo que refleja a la perfección la idea que todos los lectores potterianos podíamos tener.

El desenlace final presenta algunos cambios respecto al libro, en mi opinión bastante acertados. La “resurrección” de Harry se desarrolla fielmente a la obra de Rowling, con excepción del heroico discurso de Neville…que yo al menos, sinceramente, creo que hubiera quedado mejor en boca de Ron o Hermione. A la pareja, a cambio, se le concede la gran escena de la lucha contra Nagini, respetando el hecho de que es Neville quien finalmente acaba con la serpiente, lo que realza aún más el, en mi opinión, exceso de protagonismo de este personaje, que se puede entender en los libros pero que resulta un tanto desproporcionado en las películas. Gran actuación, en cualquier caso, de Matthew Lewis y  bonita pareja la que forman Neville y Luna, una de las gratas sorpresas de la película.

Otro cambio es que la pelea final entre Harry y Voldemort se amplia bastante respecto al libro, pero desde luego merece la pena, y mucho. La muerte de Voldemort es sin duda espectacular y hace justicia a la historia original. Eché de menos un poco más de emotividad en el momento de la victoria. Quizá, un beso entre Harry y Ginny, que están excesivamente sosos y fríos a lo largo de toda la película. O más entusiasmo entre el bando ganador. Preciosa, en cualquier caso, la escena final de Harry, Ron y Hermione, cogidos de la mano entre las ruinas de Hogwarts. Para mí, hubiera sido un cierre perfecto sin necesidad del epílogo.

Respecto al epílogo, admito que, en su día, fue lo que menos me gustó del libro, pero me gusta cómo lo han trasladado a la película y ha quedado bastante bien. Es bonito ver cerrarse el ciclo, con la nueva generación de Potter y Weasley subiendo en el tren rumbo a Hogwarts, y la música de las primeras películas sonando de fondo. Podían, eso sí, no habernos mostrado a Malfoy como a un vejestorio o a Ginny como a una señora de los años 50. ¡Pero al menos respetan a los tres protagonistas!

No quiero olvidar mencionar la preciosa fotografía, una vez más, sobre todo al mostrar la tétrica atmósfera que envuelve Hogwarts y que predomina a lo largo de toda la película. Los efectos especiales son, como ya he comentado, de los mejores de toda la saga. Y la banda sonora de Alexandre Desplat está a la altura, quizá no en la primera escucha, pero sí al encajarla en la película, con temas preciosos como el Lily´s theme y otros intensos y muy adecuados para su momento particular, como  “Statues”.

Sólo me queda dar las gracias por toda esta década mágica que ya forma parte de la historia del cine y que hemos tenido la suerte de vivir y disfrutar. ¡Hasta siempre, Harry Potter!

NOTA: 10

LO MEJOR: TODO

LO PEOR: QUE SE HAYA TERMINADO

Nuevos posters de Thor

Crítica de Cisne negro

 

Natalie Portman ha ganado todos los premios posibles hasta la fecha por su trabajo en “Cisne negro”. Sólo le falta culminar la trayectoria haciéndose con el Oscar a mejor actriz, un galardón que casi todo el mundo asume que ya tiene prácticamente en el bolsillo. Yo, después de ver la película, me sumo a la opinión general y lo único que puedo decir es que sería una locura que la estatuilla no fuera para Natalie. Ella es el alma de “Cisne negro”, una película que debe toda la fuerza, la atracción y, por qué no, la locura que transmite, a la sublime interpretación de su protagonista.

“Cisne negro” nos propone una historia sencilla y en principio no excesivamente original: la historia de Nina (Natalie Portman), una joven y prometedora bailarina de ballet obsesionada con alcanzar la perfección. Una obsesión que llegará a su extremo cuando le otorgan el gran honor de interpretar el papel principal en “El lago de los cisnes”.  Lo que en principio parece una oportunidad única para lanzar su carrera, se convierte poco a poco en una pesadilla y la presión externa, unida a su propia obsesión, harán que Nina se vea inmersa en una espiral de creciente locura y autodestrucción. Y es en ese viaje tormentoso por los más oscuros desvaríos de la mente humana donde está la grandeza de esta película, tanto o más  intensa que “Requiem por un sueño”, el otro gran referente de su director Darren Aronofsky.

La película nos atrapa desde el primer minuto con su escena inicial: el perturbador sueño de Nina. Después, nos da un pequeño respiro en su primera parte, donde aún predomina la presencia del “cisne blanco”, que no es otro que la dulce, bella e inocente bailarina que sueña con ser la estrella de su compañía. Un sueño que se convierte en realidad cuando consigue el papel principal de la nueva versión de “El lago de los cisnes”.  Pero hacer realidad su sueño tiene un precio: perder el control, dejarse llevar y dar rienda suelta a sus más oscuros impulsos, a su lado más sensual y salvaje que ha estado conteniendo toda su vida: dejar paso al cisne negro.

el profe salido calentando a su alumna

El segundo acto de la película es la transformación de Nina. Una transformación incitada por el jefe de su compañía de baile, Tomá Leroy, (Vincent Cassel) que propone tareas tan “curiosas” a su alumna estrella como masturbarse…algo que la pobre Nina tiene la mala fortuna de probar en presencia de su controladora madre, otra de las causantes de su paranoia. El deterioro de la relación madre-hija es otra de las claves de este tramo, donde Nina pasa de llamar exultante a su madre tras haberle sido concedido el papel de reina cisne, a acusarla de fracasada en su cara o a atrancar las puertas de su dormitorio para impedirle el paso. Y la verdad que no es de extrañar, una madre así nos volvería loco a más de uno…

Pero, sin duda, la principal causante de la locura de Nina es Lily (Mila Kunis), una compañera que en principio parece trabar amistad con nuestra reina cisne, pero que luego se revela como su más seria competidora. Lily es el catalizador que despierta el lado sensual de Nina y la escena lésbica que ambas comparten habrá llevado a la locura a buena parte del público masculino.

las plumas del cisne negro

En su proceso de transformación, Nina comienza a tener extrañas y perturbadoras visiones, que irán empeorando poco a poco (la del viejo verde del metro es un buen ejemplo de ello), al igual que sus autolesiones… cortarse las uñas ya no va a ser lo que era tras ver esta película!

Y llegamos al tramo final: el reinado del cisne negro. La locura de Nina alcanza su punto culminante la noche antes del gran estreno, donde, aparte de experimentar sus visiones más espeluznantes, nos brinda una espectacular conversión física, que se completará el día del gran estreno. La bella bailarina del inicio da paso al temible cisne negro, y a la chica no le falta un solo detalle: las patas zancudas, las incipientes plumas negras, los escalofriantes ojos rojos… Llegados a este punto, nada ni nadie puede parar ya a Nina. El cisne negro se eleva en todo su esplendor, en un apoteósico acto final, tanto en los camerinos como en el escenario. Y la reina cisne alcanza, por fin, la perfección…a un alto precio.

Sí, estoy loquísima, no me mires así…

No sería justo pasar por alto el buen trabajo de los secundarios, empezando por Vincent Cassel en su papel del odioso Leroy, Mila Kunis que borda las dos caras de Lily y, finalmente, Winona Ryder,  en un papel que le viene al pelo: el de una vieja gloria en plena decadencia.  Tampoco hay que olvidar la preciosa banda sonora de Clint Mansell, que encaja a la perfección con el ritmo de la película y con las sensaciones que se nos transmiten en cada escena.

Pero, como decía al comienzo de la crítica, Natalie Portman es el alma de “Cisne negro”. Y si el trasfondo de la película es la transformación de Nina de cisne blanco a cisne negro, que tan poco probable parecía al comienzo, quizá muchos espectadores hayan podido tener las mismas dudas en cuanto a la habilidad de Natalie Portman para mostrar dicha transformación. Como ocurre con Nina, es más fácil visualizar a Natalie dando vida al cisne blanco. Me vienen a la mente, por ejemplo, sus interpretaciones de aquella chica dulce que ofrecía un funeral en toda regla a sus mascotas fallecidas en “Algo en común” o, cómo no, el dolor y el sufrimiento de Padme al ver a Anakin sumergido en el lado oscuro en “la venganza de los Sith”. Pues bien, sí, en”Cisne Negro”, ha sido el turno de Natalie de visitar el lado oscuro. Un lado oscuro muy particular: el de la mente humana, el que controla la locura, la obsesión, el afán por la perfección, el miedo al fracaso en su máximo exponente. Y Natalie Portman borda ese paso de cisne blanco a cisne negro. Su actuación es hipnótica de principio a fin, nos arrastra sin remedio con la locura creciente de su personaje, nos hace sentir esa locura con cada pequeño paso que la adentra más en ella. Su actuación es cautivadora, conmovedora y escalofriante a la vez. Su actuación es, por definirla con las palabras de despedida de Nina, sencillamente “perfecta”.  Que nadie dude, tras ver esta película, que el Oscar a mejor actriz este año ya tiene dueña.

 

NOTA: 9

LO MEJOR: NATALIE PORTMAN

LO PEOR: EL REPUGNANTE VIEJO VERDE DEL METRO

Crítica de Las Crónicas de Narnia 3: La travesía del viajero del alba

Considero la primera película de “Las Crónicas de Narnia” como la mejor sorpresa en cuanto a cine fantástico que me he llevado nunca. Una película que fui a ver sin especial interés y sin ningún conocimiento previo, y que me encantó. Desde entonces, y pese a que “El príncipe Caspian” no me gustó tanto como su predecesora, la saga narniana ha sido para mí algo así como la hermana pequeña de Harry Potter. Por eso me alegré mucho cuando “La travesía del viajero del alba” resucitó tras ser desahuciada por Disney. Y por eso tenía muchas ganas de ver el último capítulo de la saga, del que los fans de los libros de C.S. Lewis hablaban maravillas. Es el problema de tener grandes expectativas respecto a algo: que luego llegan las decepciones. No es que no me haya gustado la película pero, sinceramente, esperaba bastante más de la última aventura de los hermanos Pevensie.

“La travesía del viajero del alba” es muy distinta de las dos películas anteriores de Narnia. Quizá, en mi caso, ahí ha estado el problema. El nuevo escenario marino no me ha gustado tanto como los paisajes narnianos habituales. Y he echado bastante de menos a Peter y Susan, y el odioso primo Eustace no ha compensado su falta. Cierto que ya iba avisada de su presencia, pero no me esperaba el exceso de protagonismo del primo “cejitas” ni tampoco el del ratón Reepicheep (por gracioso que sea), frente a unos Edmund, Lucy y Caspian que parecen meros secundarios en muchos fragmentos de la película. Del señor Aslan hablaré después…

Otra cosa que tampoco me ha convencido es el argumento: la búsqueda de los 7 caballeros expulsados del reino, a través del viaje en barco que llevará a nuestros protagonistas por las misteriosas Islas Solitarias. Empieza bien, con ideas interesantes como la niebla maléfica o las siete espadas mágicas, pero llega un punto en que con tanta isla te pierdes y no tienes claro cuál es la verdadera misión de los chavales. Supongo que en el libro las cosas serán distintas y tendrán más sentido. Pero yo, al menos, nunca me sentí involucrada en la historia ni con los protagonistas.

¿Quién quiere un viaje sólo de ida a mi Reino?

No todo podía ser malo, obviamente, y la película es entretenida y tiene sus momentos.  A mí me gustó especialmente la parte en que Edmund y Lucy deben hacer frente a sus peores tentaciones, la lucha final contra la serpiente marina (¿alguien se acordó del kraken de Piratas del Caribe?) e incluso me pareció divertida y muy bien lograda la transformación de Eustace en dragón. El chaval que lo interpreta, por cierto, Will Poulter, es un crack y borda el papel de niño repelente y su posterior cambio de actitud, haciéndolo todo muy creíble. Georgie Henley y Skandar Keynes están como de costumbre muy bien en su interpretación de los menores de los hermanos Pevensie, aunque se echa de menos a la pequeña Lucy de la primera película, que se comía la pantalla ella solita. Y me esperaba más de Ben Barnes como Caspian, aunque su personaje la verdad tampoco tiene mucho protagonismo.

Los efectos visuales no están mal y es un gusto volver a ver el mundo fantástico de Narnia, aunque de nuevo me quedo con las películas anteriores. Y me patinó bastante la banda sonora, que después de los grandísimos temas de “El león, la bruja y el armario”, aquí pasa bastante desapercibida. Y sólo en las escasas apariciones de Aslan se deja oír la melodía tradicional narniana, otra cosa que he echado de menos.

Y hablando de Aslan, me lo dejo a propósito para el final. Para mí, ha sido la mayor decepción de la película. Me encantó el gran león en la primera película, donde era una pieza clave. Se dejó ver menos en la segunda, pero tuvo un papel importante en la batalla final. ¿Qué demonios ha hecho Aslan en El viajero del alba? Sólo una cosa (aparte de devolver a Eustace a su forma humana, lo cual no le habrá supuesto un gran esfuerzo): soltarnos el mensaje religioso de turno. Mucha gente verá esto como un punto positivo. Para mí no lo ha sido. Me gustaba pensar en Aslan como el Rey de Narnia, incluso, porqué no, el Dios de los narnianos. Pero resulta (SPOILERS) que Aslan también es nuestro Dios, o Jesucristo, o la Santísima Trinidad o como queráis llamarlo. Así se lo hace saber a Lucy en su despedida final (poco emotiva para lo que cabía esperar), en las puertas de “su reino”, vamos, en las puertas del Cielo, a donde por cierto el pobre Reepicheep se va voluntariamente como “premio” a sus servicios.  Vale que C.S. Lewis le de un carácter religioso a su obra, también lo hizo su colega Tolkien en “El señor de los anillos”, donde más de uno interpreta la marcha de Frodo al final del mismo modo que la del ratoncito narniano. Pero, en mi opinión, si estamos viendo (o leyendo) una obra fantástica, ciertas cosas se pueden dejar a la libre interpretación y no atragantarnos con el rollito religioso de forma tan descarada. Desde luego, y que nadie se ofenda porque es una opinión personal, Aslan se parece a Dios en esta película: es igual de inútil y gandul que “Él”.  

En resumen, “La travesía del viajero del alba” es una buena peli pre-navideña para toda la familia, entretenida y visualmente agradable. Pero no emociona ni alcanza el tono épico de la primera, no tiene la profundidad y oscuridad de la segunda…en definitiva, no es el capítulo final que yo creo que merecía esta saga.

 

 Nota: 6.5

Lo mejor: Los Pevensie y el primo

Lo peor: El Dios Aslan

Crítica de Harry Potter y las reliquias de la muerte

Las Reliquias de la muerte”, el principio del fin de la saga de Harry Potter ya está en los cines. Y, por fin, han logrado hacer una adaptación redonda de los libros de J.K. Rowling. Como seguidora de los mismos, ésta ha sido la primera vez que, tras ver una película, no echo en falta nada importante ni considero que sobra ninguna escena añadida. Admito que aquellos que no hayan leído la saga potteriana se habrán sentido un poco perdidos en ciertas partes de la película. Demasiado que contar para “sólo” dos horas y media. Pero, para los fans literarios de Harry, Ron y Hermione, me atrevo a decir que nos han dado la mejor película que podíamos esperar. Vamos a comentarla de principio a fin, lo que incluye una considerable dosis de SPOILERS en los siguientes párrafos.

Para empezar, tremendo comienzo, el mejor de la saga sin duda, con el logo de la Warner haciéndose pedacitos, mientras vemos a los Dursley marchándose de la vida de Harry y, sobre todo, la sobrecogedora escena en que Hermione borra la memoria a sus padres mientras suena el precioso “Obliviate” de Alexandre Desplat de fondo. Vale, quizá la despedida de Harry y su horrible familia habría merecido algunos minutos más, pero lo cierto es que su papel en las películas desde “El prisionero de Azkaban” ha sido prácticamente nulo y, la verdad, tampoco se les ha echado en falta.

Tras una breve introducción, con la genial escena de los 7 Potters, el no menos bueno combate aéreo (donde por cierto muere Hedwig…ah sí, y también Ojo Loco, por si alguien lo había pasado por alto) y la accidentada boda, la película nos lleva pronto a su tramo central, con el trío protagonista a la fuga, intentando encontrar los horrocruxes restantes para lograr destruir a Voldemort. Recuerdo que lo que menos me gustó de “El misterio del príncipe” fue la poca atención prestada a la parte seria y oscura del libro. En “Las reliquias”, por fin, le hacen justicia. Quedan atrás los enredos adolescentes de los jóvenes magos. Ya no hay tiempo para novias acosadoras, hormonas desenfrenadas o pócimas amorosas. Por fin, vemos a Harry, Ron y Hermione plenamente dedicados a su misión: derrotar al Señor Tenebroso. Y los vemos totalmente solos y perdidos, en el mundo real, lejos de la mágica protección de Hogwarts. Esa es la esencia que Rowling transmitía en la primera parte del libro. Y lo han reflejado perfectamente en la película. Respecto a esto, me hacen gracia las críticas que comentan que esta parte se hace muy larga y pesada. ¡Hola! ¿Habéis leído el libro? Porque en él se le dedican varios cientos de páginas. Y, desde luego, lo que han trasladado a la película es lo esencial y, por una vez, no sobra nada.

Los tres protagonistas llevan todo el peso de la película, y lo hacen estupendamente. Cómo han crecido estos chicos, en todos los sentidos. Yo, me quedo con Rupert y con Emma (que por fin ha superado sus extraños movimientos de cejas), que están geniales de principio a fin. En especial Rupert, tanto en los momentos cómicos como en los más duros, una faceta que hasta ahora apenas habíamos visto en su personaje. A Daniel, por ponerle un pero, esa escenita del baile con Emma, que comentaré después. Los secundarios, en este caso, tienen poco metraje para lucirse, pero aún así, ha sido agradable conocer por fin a personajes como Bill Weasley (que cuenta su historia en apenas un segundo y se casa en un minuto), y volver a ver a otros como Fleur y, sobre todo, Dobby. Ginny tiene apenas el tiempo justo para besar a Harry y Hagrid para llevarlo de paquete en su moto voladora. Otros como Draco, Snape o Bellatrix tienen más suerte. Y aunque todos están bien en sus cortas intervenciones, me quedo con Evanna Lynch que de nuevo clava a Luna Lovegood y nos hace pasar un buen rato con sus extravagantes frases.

El ritmo de la película, aunque un tanto acelerado como de costumbre, acierta en el sentido de que muestra claramente la evolución de los personajes. En un principio, Ron y Hermione están firmemente comprometidos a ayudar a Harry en su peligrosa misión. Incluso consiguen, con relativa facilidad, robar un horrocrux a la mismísima Dolores Umbridge, en otra gran escena en el Ministerio de Magia, donde  los dobles de los chicos, resultado de la poción multijugos, nos brindan una breve pero divertida actuación. Pero, poco a poco, las cosas se complican y la confianza de Hermione y Ron en Harry se va rompiendo. En especial, en el caso de Ron, preocupado por la suerte de su familia y celoso del acercamiento que intuye entre Harry y Hermione (qué bueno Rupert con su cara de celos, por cierto). La accidental despartición de su brazo en una de sus huidas y el efecto negativo del horrocrux en su mente no ayudan precisamente a suavizar la situación. Lo que lleva a una de las mejores escenas de la película: la discusión entre Harry y Ron y la posterior marcha del pelirrojo. Una escena muy fiel al libro y muy bien interpretada por los tres protagonistas.

Pasamos al tramo Harry-Hermione, que se abre con la única escena inédita: la del baile en la tienda de campaña. La idea era buena: Harry queriendo consolar y animar a Hermione tras la marcha de Ron. La ejecución, muy buena por parte de Emma, pero Dan, con sus pasos de baile, le da un toque cómico que estaba totalmente fuera de lugar. Por lo demás, en este tramo tenemos otro de los grandes momentos del libro: la visita al valle de Godric, donde está la tumba de los padres de Harry. Ahí sí que consiguen plasmar la relación Harry-Hermione perfectamente y hacer justicia al libro. En cambio, la historia de Bathilda, la vieja amiga de Dumbledore, se queda un poco coja, una vez más, para aquellos que no hayan leído la obra de Rowling. Aún así merece la pena ver a Nagini en acción, la serpiente sin duda ha estado bien alimentada en esta película.

Y llegamos a otro punto culminante: el regreso de Ron. Yo, personalmente, tenía muchas ganas de ver la escena de la cierva plateada y no me decepcionó para nada. Me encantó ver la cara de loco de Ron cuando se aparecen ante él los falsos Harry y Hermione, y como se lanza sobre ellos como un poseso con la espada de Griffindor. Y me gustó aún más la explicación de su regreso, y cómo intenta ganarse el perdón de una enfurecida Hermione haciéndole la pelota cada vez que puede. Siempre me ha encantado la relación Ron-Hermione y en esta película la vemos a un nuevo nivel, con un Ron celoso, protector y adulador, pero manteniendo el encanto de siempre.

Pasamos a la visita al señor Lovegood y a la más grata sorpresa de la película: la historia animada de Las reliquias de la muerte. Todo un acierto que, esta vez sí, da al espectador ajeno a los libros la oportunidad de entender la misión de los 3 peligrosos objetos. En particular, en esta primera parte, de la varita de sauco que tanto codicia Voldemort. La conexión de Dumbledore con ella y cómo llega a sus manos es un tema que se trata con mucha mayor profundidad en los libros, y que se echa un poco en falta en la película.

Y en un abrir y cerrar de ojos ya estamos en el desenlace final, con nuestros protagonistas atrapados por los carroñeros y conducidos a la mansión Malfoy. De nuevo, premio por la fidelidad al libro en todos los sentidos: Hermione desfigurando la cara de Harry, las dudas y el miedo de Draco al identificarlo, Bellatrix torturando a Hermione…y la aparición estelar de Dobby, con su heroico rescate. Dobby ha tenido, sin duda, la mejor muerte de la saga. Lo que el pobre Dumbledore no consiguió, lo ha logrado el pequeño elfo doméstico, al que no habíamos vuelto a ver desde la Cámara Secreta, por obra y gracia de una de las muchas omisiones imperdonables de las adaptaciones cinematográficas. Al menos le han hecho justicia al final. Su última escena, despidiéndose de Harry y muriendo como un héroe y, sobre todo, como un elfo libre, es la más conmovedora de la película y quizás de toda la saga.

Y qué decir del final de “Las reliquias de la muerte”, nada que ver con los acostumbrados finales previos de la saga. Es una verdadera maldición Cruciatus en la cara de todos los fans, que nos deja ansiosos por la llegada del próximo mes de julio, cuando veremos el cierre definitivo de una saga que ya está a la altura de las más grandes del cine y que nos ha regalado innumerables momentos mágicos a lo largo de toda una década, a falta ya sólo de un final que yo ya no tengo dudas de que será memorable. Accio Parte II!

 

 Nota: 10

Lo mejor: el trío protagonista

Lo peor: las lagunas para todos los que no hayan leído el libro

 

 

Review de Resident Evil Ultratumba

Resident Evil Ultratumba, o cuando los zombies invadieron Matrix, es la cuarta película de la saga basada en el popular videojuego. En la anterior entrega, descubrimos que Alice (Milla Jovovich) tenía cientos de clones creados por la corporación Umbrella, que ya podían haber repartido alguno de ellos con la entrada de cine y no desperdiciarlos todos en el ataque a la base subterránea, que los del paraguas tenían en Japón.

Allí se encuentran con el malo de la película, una especie de Neo teñido de rubio, con la cara de palo más acentuada que la de Keanu Reeves y que por suerte, no tendremos que volver a verla hasta el final de la peli. Tras unos cuantos tiros y patadas, el malo huye en su helicóptero último modelo y detona una bomba que mata a todos los clones de Alice (menudo desperdicio) y a medio Japón.

Pero la verdadera Alice, se cuela dentro de la nave para acabar con esa lamentable forma de vida, sin embargo no contaba con que el clon rubio de Neo llevara consigo una jeringuilla quita poderes del Virus-T. Ningún malo que se precie, debe salir de casa sin ella. A saber cuando te podrás encontrar con una Alice dopada con Virus-T. Aunque a pesar de quitarle sus poderes sobrenaturales, Alice sobrevive al accidente del aparato, y se tira toda la película haciendo piruetas imposibles.

Después de este prólogo, Alice coge su avioneta de juguete y se dirige a un pueblo de Alaska, dónde había quedado con sus amigos de la tercera película. Recordemos que Jovovich los envió a ese lugar en helicóptero porque oyó una trasmisión de radio que decía que aquel sitio estaba libre de zombies. Pero sus amigos le dan plantón, y sólo una de ellos se digna aparecer, Claire Redfield (Ali Larter), que lleva una araña mecánica en las tetas que produce amnesia.

Tras quitarle el arácnido pectoral, las dos juntas se van de excursión a Los Ángeles, y allí se encuentran con unos supervivientes que están atrincherados en una cárcel rodeada de muertos vivientes. Es un grupo muy peculiar, formado por un negro, un chino, un español (parece un chiste, pero éste no tiene ninguna gracia), una actriz que trabaja de camarera, un calvo pervertido y el típico egoísta que solo piensa en salvar su propio pellejo. Ni que decir tiene, que su función es ir muriendo de uno en uno.

Scofield poniendo su famosa cara de enfado… pena, alegría o preocupación. ¿Quién sabe?

Pero la sorpresa se esconde en el sótano de la prisión. Allí tienen encerrado al criminal más peligroso de la historia (o eso piensan ellos). ¿Hannibal Lecter? ¿Bin Laden? ¿Papá Pitufo? Nada de eso… ni más ni menos que Michael Scofield (Wentworth Miller) de Prison Break, que en esta película se ha cambiado el nombre por Chris Redfield, y también ha sustituido a su hermano tónto del culo por la bella y seguramente más inteligente (con que sepa diferenciar una cabeza decapitada de otra es suficiente) Claire Redfield. ¡El mundo es un pañuelo! ¿Cuántas personas pueden quedar vivas en el planeta tierra? ¿Unos miles? ¡Y Scofield se encuentra con su hermana amnésica! Los guionistas aquí hilaron fino.

También es casualidad que el barco conocido como Arcadia, que era el lugar al que tenían que ir todos los supervivientes y no ese pueblocho de Alaska, se encuentre anclado al lado de la cárcel. Pero bueno… si puedes encontrar a tu hermana desaparecida en un holocausto zombie, ¿por qué no vas a encontrar un puto barco?

Como era obvio, el único que sabe como escapar de prisión es Scofield, que siempre tiene un plan en mente. Lo malo, es que el transporte blindado en el que tenían pensado fugarse, estaba pasando la ITV y le habían sacado el motor. El español, como buen mecánico que se precie, dice que lo puede dejar terminado en una semana, y el superviviente egoísta, le pega un tiro y huye en el avión de Alice. Se ve que la gente en Estados Unidos, no está acostumbrada a esperar tanto tiempo para que te arreglen el coche. Hasta la vista, Capitán Trueno.

Mientras tanto, el hombre de color, que es una especie de Cristiano Ronaldo que anuncia relojes, acompaña a Alice a las duchas de agua fría, para que se refresque la chica. Pero cuando todos pensábamos que íbamos a ver a Milla Jovovich desnuda, ella descubre que está siendo espiada por el calvo pervertido, que oculto en las sombras, se masturbaba no muy silenciosamente. Como castigo a este acto tan irreverente, aparece un vampiro del suelo y se lo come. Bueno… en realidad es un zombie mutado, pero tiene toda la pinta de un vampiro de Blade II.

Alice carga sus pistolas con monedas. Y luego dicen que hay crisis…

Aprovechando el agujero hecho por el zombie, todos escapan por ahí, a excepción de la camarera y el chino, que son aniquilados cuando los muertos vivientes consiguen entrar en el recinto gracias a un gigante de tres metros con un hacha, que no sabemos de donde coño ha salido, pero mola. Al famosete también parece que lo matan, pero al final continua con vida, gracias a un sorprendente giro argumental. Lo tendremos que soportar en la siguiente entrega promocionando relojes.

Tras escapar de prisión, los tres protagonistas cogen prestada una balsa y van al barquito. Allí se dan cuenta que el barco es propiedad de Umbrella, y que han estado congelando gente al estilo Walt Disney, para que el malo de las gafas se los comiera. Eso si que es un dieta equilibrada. Pero el menú no le satisface, lo que él quiere es comerse a Milla Jovovich (¿y quién no?), porque su sangre le proporcionará más vitaminas que ninguna otra. Y parecía tonto.

Después de esta impactante revelación, tiene lugar una pelea estilo Matrix, pero con perros que se les abre la cabeza por la mitad incorporados, en la que matan supuestamente al malo. Digo supuestamente, porque ese tipo es inmortal, y logra escapar en una nave espacial. Pero Alice, que es muy lista, y no tropieza dos veces con la misma mierda (piedra), le mete dentro del aparato una bomba, y él mismo se autoinmola. Y yo me pregunto… si en ese hangar había decenas de helicópteros, ¿cómo sabía Alice en cual se montaría el gafotas? Cosas del Virus-T.

Scofield poniendo cara de enfado. Un actor con muchos matices.

Una de las congeladas era Burger, la chica que aparecía en la tercera película, y que se llamaba así porque la habían encontrado en una hamburguesería. Si la hubieran encontrado en un club de alterne… ¿cómo la habrían llamado?

Pero la felicidad por haberse librado de ese mal actor de gafas, y haber liberado a toda la sección de congelados les dura poco, porque cientos de helicópteros de Umbrella se disponen a atacar el carguero. Y si aguantáis un poco, en los títulos de crédito podemos ver a una irreconocible Jill Valantine (Sienna Guillory), a la que pudimos ver en la segunda parte de esta saga, con una araña de esas en el pecho y comandado el ejercito de las sombrillas. Con esto tenemos la quinta película garantizada.

En conclusión, una película entretenida, con mucha acción y para toda la familia, con un guión flojito y algunos personajes lamentables. Milla Jovovich se sale… de la pantalla, en más de una ocasión gracias al efecto 3D. Merece la pena ver esta película en 3D, nunca me habían lanzado tantas cosas a la cara. Gafas de sol, pistolas, sangre, trozos de cerebro, estrellas ninja, a Milla Jovovich, monedas… parecía que estaba bajo una de las carrozas de El Entierro de la Sardina.

Crítica de Origen

¿Alguna vez habéis despertado de un sueño para daros cuenta, poco después, de que seguís soñando? ¿O habéis caído desde una altura considerable para acabar despertando justo antes de llegar al suelo?  Son sólo dos ejemplos del complejo y apasionante mundo de los sueños. Un mundo en el que nos sumerge de lleno el señor Christopher Nolan en “Origen”. La anunciaban como la gran película del verano y una de las grandes del año. Y vaya si lo es…

Dicen por ahí que Origen es una peli tan compleja que se necesitan varios visionados para entenderla. Esto, en realidad, es un tanto exagerado. Aunque sí hay que estar atento y abrir bien la mente para hacerse con todas las ideas con las que Nolan nos bombardea. A fin de cuentas, el hilo argumental de la película es nada menos que la introducción de una idea en la mente de una persona, en el momento en que la mente es más vulnerable: el sueño. Pero no en un sueño cualquiera, sino en un sueño dentro de un sueño dentro de otro sueño. Así se las gasta nuestro protagonista, Dom Cobb (Leo DiCaprio), que montará un complejo entramado de niveles de sueños para conseguir que el hijo de un famoso empresario (Cillian Murphy) renuncie al imperio de su recientemente fallecido padre, evitando la expansión de un gran monopolio energético. Pero esa idea debe nacer, aparentemente, de él mismo, para lo cual hay que llegar a lo más profundo de su subconsciente y “plantarla” allí. Ese es “el origen”. Un terreno en el que Cobb posee una amplia experiencia, pero en el sentido contrario: como extractor o, si queréis, como “ladrón de ideas”. Su habilidad lo ha convertido sin quererlo en un fugitivo internacional, y la única forma que tendrá de recuperar su vida y volver con sus hijos, será llevar a cabo este último trabajo.

de visita en el limbo

Si la idea de la que parte la película ya es de por sí original y novedosa, todo lo que Nolan va creando a su alrededor es aún más sorprendente.  Para llevar a cabo su misión, Cobb se rodea de un curiosísimo equipo. En él, destaca, al más puro estilo Matrix, el “Arquitecto”… o arquitecta (Ellen Page) en este caso. Un curioso personaje encargado de diseñar el mundo onírico, en el que puede permitirse licencias de todo tipo, como las paradojas de las arquitecturas imposibles (qué grande esa escalera infinita). Sin olvidar a otros miembros del equipo, como el “falsificador”, que posee la habilidad de mimetizarse con otros personajes presentes en los sueños, o el ”químico”, que es el pastillero de turno encargado de anestesiar a los durmientes el tiempo adecuado. Y si los personajes de “Origen” ya son más que chocantes, qué decir de los conceptos. Las agresivas proyecciones de la realidad que pueden “cargarse al sueño”; la “patada” que consigue hacernos despertar; la distinta duración del tiempo, retardándose conforme nos adentramos en los niveles oníricos; la idea del limbo; ese tótem con el que volverá locos a los espectadores hasta el último segundo… Nolan ha creado un universo fantástico y tremendamente original, mimando cada detalle y haciendo encajar todas y cada una de las piezas, cosa cada vez más difícil de ver en esta época de remakes, precuelas y secuelas.

Y en el centro de todo, Leonardo Dicaprio, con una soberbia interpretación del atormentado protagonista. Poco a poco, se nos va revelando el pasado de Cobb y la trágica historia de su mujer (gran papel de Marion Cotillard). Una historia que nos desvela que el gran extractor de sueños sabe más de lo que parece acerca del concepto de origen. Y menuda revelación, tremenda, impactante, como lo es toda la historia de principio a fin.

¡A dormir!

Visualmente, Origen es una pasada. Me viene a la mente el primer paseo de Dom y su arquitecta por un sueño común, por esas calles adimensionales de planos imposibles. O el segundo nivel de sueño, cuando la ley de la gravedad desaparece. O la recreación del limbo. Todo ello acompañado de esa tremenda banda sonora de Hans Zimmer que se te mete en la cabeza y que te da la sensación de estar metido en ese sueño junto con todos los protagonistas.  El único pero que se me ocurre poner a Origen es que el tramo final se hace un pelín largo…¡nunca 10 segundos de caída libre tardaron tanto en pasar!

Tras “El caballero oscuro”, Nolan lo ha vuelto a hacer. Para que digan que ya no quedan genios en Hollywood. Y, con películas como ésta, qué fácil es no despertar de ese gran sueño que es el cine.

Y para terminar, una referencia al puñetero final. SPOILER. ¿Dejó de girar o no la peonza? ¿Y si eso no fuera, en realidad, lo más relevante?Aunque hay teorías para todos los gustos, Aquí dejamos un link que  permitirá a los espectadores disponer de un tótem sorpresa que puede dar la clave de esa maldita escena final:

NOTA: 9

LO PEOR: La furgo que nunca cae

LO MEJOR: Todo lo demás

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