Crítica de Daybreakers

El protagonista de nuestra película se llama Edward. Y es un vampiro. Pero es un vampiro peculiar, que defiende a los humanos y que se niega a alimentarse de su sangre. ¿Adivináis de qué película estamos hablando? Pues no, no es la saga “Crepúsculo”, sino “Daybreakers”. Y aquí finaliza cualquier coincidencia entre ambas. De hecho, “Daybreakers” nos presenta a unos vampiros muy diferentes, y aun respetando las “normas” del mundo vampírico tradicional (ya sabéis, esos seres que se convierten en polvo ante la luz del sol en lugar de resplandecer en su presencia) tiene un enfoque muy curioso y original que es sin duda el punto fuerte de la película.

La historia de “Daybreakers” nos presenta un futuro no muy lejano, donde una extraña plaga ha convertido a la mayor parte de la raza humana en vampiros. Pero no son los vampiros a los que estamos acostumbrados, que habitan retirados del mundo, en castillos o fortalezas. Estos vampiros han adaptado el mundo que conocemos y lo han hecho a su medida. Tienen coches especiales con protección anti-diurna. Toman café…con sangre. Viven en modernos pisos, eso sí, con medidas de seguridad que dejan mucho que desear. En definitiva, su vida no es muy distinta de la nuestra, salvo por el hecho de que huyen de los rayos del sol…y, por supuesto, que su dieta se basa en la sangre. Y ahí radica su principal problema: el suministro de sangre humana se agota. Es preciso encontrar un sustitutivo eficaz, estilo “true blood”. Y ahí entra nuestro protagonista, el hematólogo Edward Dalton (Ethan Hawke), un científico que simpatiza con la causa humana y que quiere evitar su extinción a toda costa. Para ello, trabaja en la búsqueda del sustitutivo, pero sin mucho éxito. Las cosas cambian cuando Edward entra en contacto con un grupo de la resistencia humana, que parece conocer una cura para revertir la condición vampírica.


Los rebeldes

Además de la original propuesta de “moderna sociedad vampírica”, la película tiene otros puntos fuertes en su argumento. Entre ellos cabe destacar a los “infra seres”, horribles criaturas que en su día fueron vampiros pero a las que el hambre extrema ha ido deformando y reduciendo hasta quedar en un estado lamentable y totalmente salvaje, convertidos en los parias de la sociedad. Como dato divertido, el primer síntoma de conversión en infra ser: el desarrollo de orejas picudas al más puro estilo élfico. No menos curiosa es la “cura” hallada casualmente por los humanos y su mecanismo de propagación.

Por supuesto un buen argumento se quedaría en nada si no estuviera secundado por buenos personajes. Y “Daybreakers” también los tiene. Ethan Hawke está genial en su papel protagonista de vampiro bueno. Sam Neill es el malo de la peli, un jefazo vampiro al que no le importa nada la conservación de la raza humana…ni siquiera aunque su hija forme parte de ella. Muy buena también la historia de padre e hija y su escalofriante final. Correcto, aunque un poco cansino y muy diluido en el tramo final, está Willem Dafoe, más conocido en la película como “Elvis”, un rebelde humano que va de tipo duro y que nos sorprende con sus “grandes frases” y con un secreto que cambiará el rumbo del enfrentamiento entre vampiros y humanos. Para completar el cartel protagonista tenemos a una actriz poco conocida, Claudia Karvan, interpretando a una joven rebelde que, junto con Edward y “Elvis”, luchará por dar con la cura y acabar con el dominio de los vampiros. Aunque correcta en su papel, se echa de menos algo más de química entre ella e Ethan Hawke.

Destacar también la estética oscura de la película y alguna que otra escena con buenas dosis gore rematando unos buenos efectos especiales. Para todo aquel que quiera pasar un buen rato viendo vampiros y sangre en versión moderna, ésta es su película.

Como punto negativo, se podría decir que “Daybreakers” empieza muy fuerte, tiene una primera mitad casi perfecta, pero falla en su recta final. Claramente, le falta rematar y te deja un poco con la sensación de que no supieron dar con un final que cerrara totalmente la historia…o quizá simplemente no quisieron hacerlo.


Nota: 8
Lo mejor: la originalidad de su argumento
Lo peor: el apresurado final

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