Crítica de Robin Hood

Un país asolado por una profunda crisis, donde las clases bajas son exprimidas, los más poderosos sólo persiguen sus propios intereses y los máximos dirigentes toman medidas que no sólo no contribuyen a frenar la crisis, sino que la agravan más aún. ¿Os suena todo esto? No, no es un boletín de noticias de actualidad sobre la situación de nuestro país. Es el argumento de la nueva versión de “Robin Hood”, de Ridley Scott y Russell Crowe. Una película que juega en su contra con la inevitable comparación con “Gladiator”. Y no, no estamos ante un nuevo “Gladiator”, aunque ambas películas tienen ciertos puntos en común. Pero sí tenemos una muy buena película que, de paso, nos deja unos cuantos mensajes de fondo muy a tener en cuenta en estos tiempos locos.

“Robin Hood” nos sitúa en la Inglaterra de finales del siglo XII, un país que ha malgastado gran parte de su fortuna en financiar la cruzada religiosa del rey Ricardo Corazón de León. Nuestro protagonista, Robin (Russell Crowe), es un simple arquero de las tropas del rey, que van de regreso a Inglaterra. La inesperada muerte del rey y una emboscada de los franceses provocarán un extraño giro de los acontecimientos para Robin: Robert de Locksley, hijo de Sir Walter, muere en la emboscada, pero antes, en su lecho de muerte, pide a Robin que acuda a Nottingham a entregar su espada a su padre. Y así lo hace nuestro arquero, en compañía de unos cuantos hombres ansiosos por desertar del ejército, ganarse la vida a base de pillerías y beber todo el alcohol que encuentren en su camino. A su llegada a Inglaterra, Robin entrega la corona del difunto rey a su madre, que, de inmediato, corona a su otro hijo, Juan, un joven sin aptitudes para gobernar un país, cuya primera acción como rey será subir los impuestos a su pueblo. Lo que el monarca no sabe es que uno de sus supuestos “hombres de confianza”, Godfrey, está aliado con los franceses, que pretenden tomar el mando del país aprovechando la debilidad del nuevo rey y la creciente división social del pueblo inglés. Robin, por su parte, conoce a su llegada a Nottingham a la viuda de Locksley, Lady Marian (Cate Blanchett), y a su padre, Sir Walter. Para garantizar que Marian mantenga sus tierras, se hará pasar por su difunto marido y, de este modo, irá descubriendo la miseria y la injusticia que asolan la región. Una inesperada revelación sobre su pasado cambiará profundamente a Robin, erigiéndolo en el líder que el pueblo necesita para combatir la tiranía del rey y unificar a los ingleses en la lucha contra su común enemigo, Francia.

Esta es la historia que nos propone Ridley Scott. Nada que ver con el Robin Hood tradicional, ese arquero de mallas verdes que se oculta en el bosque de Sheerwood y, junto a los suyos, roba el dinero a los ricos para devolverlo al pueblo. No es una típica peli de aventuras. No tiene mucha cabida para el humor, excepto en las escenas protagonizadas por los borrachos amigos de Robin, los tradicionales Little John y compañía, en sus escarceos con el hidromiel que les proporciona el fraile (¿por qué siempre hay frailes borrachos en las pelis de Hood?). Casi se podría decir que el amor entre Robin y Marian es también un tema secundario. La nueva película de “Robin Hood” es, antes todo, una película de denuncia política y social, combinada con un carácter épico que se deja ver en los inspiradores discursos del protagonista o en las impresionantes escenas de lucha con los preciosos y verdes escenarios de la costa inglesa de fondo. Y Robin, más que un arquero, es un líder social, que intentará por todos los medios poner fin a la injusticia y restaurar la unidad de Inglaterra.  Por desgracia, frente a los buenos propósitos y los actos heroicos, siempre están los desgraciados de turno que sólo velan por sus propios intereses, llámense Rey Juan en este caso. Y son los actos de este cretino los que nos llevan, al final de la película, a pasar de la historia a la leyenda.

En cuanto a los actores, Russell Crowe está, como de costumbre, genial en su papel. La valentía y el carácter rebelde de su personaje nos recuerdan, inevitablemente, al gran Máximo de “Gladiator”… un tanto envejecido y con unos kilitos de más. Kate Blanchett también cumple en su papel de Lady Marian, y ella y Russell hacen una buena pareja, que brinda momentos divertidos (esa escena de la alcoba matrimonial… ) y, por supuesto, momentos románticos en su justa medida…quizá, demasiado justa, porque como comentaba antes, Robin y Marian no tienen mucho tiempo para dedicar a su recién estrenada relación…la crisis del país va primero. No me olvido de la gran interpretación de Max Von Sydow como Sir Walter, el encargado de poner a Robin en su verdadero camino. Mark Strong interpreta al traidor calvorota Godfrey, consiguiendo hacernos odioso a su personaje desde el minuto inicial. Idem para Oscar Isaac en su papel del rey Juan.

Probablemente, todos aquellos que esperaban pasar el rato viendo una peli de aventuras sin mayores pretensiones, queden decepcionados con la propuesta alternativa de Ridley Scott. Desde luego no ha sido mi caso. Sin llegar a la altura de “Gladiator” (le falta un punto épico para conseguirlo), este nuevo Robin resulta ser una película seria, muy bien hecha y ambientada, rigurosa, y, con todo, entretenida pese a sus casi dos horas y media de metraje. Deja de lado la leyenda del arquero que todos conocemos, para mostrarnos una realidad histórica que, por desgracia, continúa vigente hoy día, varios siglos después. Y nos transmite un mensaje muy claro: el de la unidad del pueblo para luchar contra la opresión y la injusticia. “Alzaos y volved a alzaos, hasta que los corderos se conviertan en leones.”

NOTA: 8
LO MEJOR: RUSSELL CROWE, LA HISTORIA Y LA FOTOGRAFÍA
LO PEOR: EL MALDITO REY JUAN!

Anuncios

BSO: Recordando al antiguo Robin Hood

Coincidiendo con el estreno, esta semana, del nuevo Robin Hood de Russell “Gladiator” Crowe, vamos a recordar al antiguo Robin, interpretado por un joven Kevin Costner. Y lo hacemos, como no podía ser de otra forma, con un vídeo dedicado al tema principal de la película, la archiconocida “Everything I do I do it for you” de Bryan Adams.