Crítica de El caballero oscuro: la leyenda renace

Nolan lo ha conseguido. Era muy difícil, casi imposible, cumplir las expectativas. Y, sin embargo, el capítulo final de la grandísima trilogía de Batman consigue estar a la altura de “El caballero oscuro”. Vale, no tenemos a un villano de la categoría del Joker. Pero sí una película redonda, épica de principio a fin, donde todas las piezas encajan a la perfección hasta conseguir bordar un final inolvidable.

“El caballero oscuro: la leyenda renace” comienza fuerte, con la presentación del nuevo villano: Bane. Después baja el ritmo, mostrándonos a un Bruce Wayne retirado del mundo y que no parece tener ningún deseo de volverse a poner la máscara de Batman, mientras su ciudad, Gotham, vive una aparente época de paz y de calma y rinde homenaje al supuesto héroe caído, Harvey “Dos Caras” Dent. Hay quien acusa a la película de lenta. Yo, desde luego, no le quitaría ni un minuto de sus casi 3 horas de duración. Ni siquiera en este tramo inicial más pausado, donde Nolan nos va situando magistralmente a todas las piezas del juego. La entrada a escena de Catwoman/Selina o las entrañables conversaciones entre Bruce y su fiel Alfred, sólo por poner dos ejemplos, no tienen precio.

Cuando el comisario Gordon y su nueva mano derecha, el recto y honorable Blake, descubren la presencia de Bane y sus secuaces, Bruce no tiene más remedio que volver a ser Batman. Pero los años de inactividad le pasan factura, a pesar de contar con los extraordinarios juguetitos de su amigo Lucius. Aún así, Batman no le fallará a Gotham ni en su hora más oscura, cuando la ciudad parece perdida y fuera de su alcance. Su escalada para renacer desde los infiernos es uno de los momentos clave y sin duda una de las escenas más memorables de toda la trilogía.

Comentaba antes que en esta última entrega no tenemos ya al inigualable Joker. Y se le echa en falta, aunque Bane no está nada mal como nuevo villano y sus salvajes enfrentamientos con Batman son una auténtica delicia visual. Pero, lo que sí tenemos, es un nuevo personaje que pone la guinda al exquisito pastel de Nolan: Catwoman. Anne Hathaway borda a la protagonista femenina de la película, reflejando perfectamente su ambigüedad, su carácter seductor, astuto, impredecible. A Bruce Wayne le costó años olvidar a su gran amor, Rachel…pero probablemente a los espectadores nos costó sólo unos minutos después de conocer a Selina. Batman y Catwoman hacen una grandísima pareja, que aplasta desde el minuto uno a la que nos intentan colar con Bruce y Miranda, el personaje interpretado por Marion Cotillard, que en muchos momentos puede parecer fuera de lugar…hasta que descubrimos que no lo estaba, en absoluto.

Decir que Christian Bale vuelve a estar inmenso interpretando a Batman, a estas alturas, es casi como no decir nada. Nada nuevo al menos. Podrán hacer mil remakes o reboots del superhéroe, pero no habrá otro Batman como él. Eso, por supuesto, sin olvidar al grandísimo reparto que ha tenido la trilogía, con mención especial para Michael Caine, Gary Oldman y Morgan Freeman, que nos han acompañado de principio a fin.

Una de las cosas que más he admirado del Batman de Nolan es su combinación perfecta de espectaculares escenas de acción con diálogos profundos, oscuros y cargados de significado, que nos han dejado ya grandes frases para el recuerdo. Esta última entrega mantiene, cómo no, esa misma línea. Y otra cosa que se mantiene y sin la cual la saga de Batman no estaría donde está, es la magnífica banda sonora de Hans Zimmer, que recupera los temas más conocidos y característicos de la trilogía, junto con uno nuevo, el del nuevo villano, el que suena cada vez que Bane hace una de las suyas…un temazo. La música de Zimmer termina de darle ese tono épico y grandioso, una vez más, en los momentos justos, a la película.

La recta final de la gran historia de Batman está plagada de sorpresas y tremendos giros que no quiero desvelar en esta review, por si algún loco despistado, claro merecedor de la muerte por exilio, aún no se ha pasado por el cine. Sólo comentaré que ha sido un placer recuperar a clásicos de la trilogía, como a Ra’s al Ghul y su Liga de las Sombras, al Espantapájaros o al propio Bruce de niño a través de flashbacks y recuerdos. Eso, y que los últimos minutos de la película son probablemente de lo más emotivo, épico y, en suma, perfecto, que he visto nunca en una sala de cine. Muchas gracias a Chris Nolan y su Batman por permitirnos creer, durante esas horas maravillosas alejados de esta realidad cada vez más oscura que nos rodea, que todos podemos ser héroes.

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Crítica de Los Juegos del Hambre

Para todos aquellos que adoramos el mundo del cine, descubrir una película especial es un pequeño gran regalo. Sí, en lugar de una película, lo que descubres es toda una saga…es como si te tocara el premio gordo. Y eso es lo que yo puedo decir de “Los Juegos del Hambre”, una película que comenzó sin interesarme mucho la primera vez que oí hablar de ella, luego, poco a poco, fue llamando mi atención, cada vez más, hasta el punto de esperar impaciente el día de su estreno. Y, unos días después de verla, me encuentro con el primer libro de la saga esperando en mi mesilla, y con muchas, muchas ganas, de ver ya la segunda parte.

 Y es que la adaptación a la pantalla grande de la saga literaria creada por Suzanne Collins no puede dejar a nadie indiferente. A mí, personalmente, me encantó desde el primer momento el mundo de Panem y, sobre todo, la gran protagonista de la historia, Katniss Everdeen, uno de los mejores personajes que he conocido en mucho tiempo…y eso, sin haber leído aún los libros.  Que me perdonen, por tanto, los lectores de la saga, por si se me escapa algún disparate en esta review.

 Por si hay algún despistado, la película narra la historia de Katniss, una joven de dieciséis años, que decide sustituir a su hermana menor como tributo en los llamados “juegos del hambre”, una lucha a muerte televisada en la cual, anualmente, participan un chico y una chica de cada uno de los 12 distritos que forman la nación de Panem. Y, hecha la presentación, aviso a quien siga leyendo…¡peligro SPOILERS!

 A pesar de las 2 horas y media de duración, la película no se hace pesada en ningún momento, sino todo lo contrario. Comenzamos con una breve introducción del Distrito 12, donde vive nuestra protagonista, y poco después, llega la preciosa escena del sacrificio de Katniss, cuando se ofrece a ocupar el lugar de su hermana.  Es también aquí cuando conocemos al tributo masculino del Distrito 12, Peeta…con el que Katniss no parece, inicialmente, llevarse demasiado bien.

 A partir de ahí, nos adentramos de lleno en el fascinante mundo del Capitolio, con sus singulares personajes, donde Katniss y Peeta recibirán una preparación exprés antes de iniciarse los Juegos. Quizá, en esta parte de la película, eché un poco de menos una mejor presentación de los demás tributos, cosa que supongo no ocurre en el libro. Pero sí me encantó todo lo demás: el ambiente del Capitolio, el impresionante desfile de presentación de los tributos, las estrategias de captación de patrocinadores (¡qué grande ese flechazo a la manzana!) y cómo, en general, Katniss va poco a poco ganando popularidad y sorprendiendo a todos…dejando un tanto de lado a Peeta, hasta que al chico se le ocurre la brillante idea de confesar que lleva años enamorado de su compañera, dando el pistoletazo de salida a la trágica historia de los dos tributos enamorados, que tanto juego dará a lo largo de la película.

 El último tramo, el más apasionante, son los propios Juegos del Hambre, esa locura disparatada en la que 24 chavales compiten entre ellos en plan Los Inmortales, sólo puede quedar uno. Buena prueba es la masacre del inicio, que pierde un poco por esos bruscos movimientos de cámara y esos planos acelerados que no dejan apreciar lo que está sucediendo. Aunque tiempo de ver muertes hay más que de sobra. Curiosa, muy curiosa, la forma de transmitir la información de los tributos caídos, desplegando la noticia por los cielos, un ejemplo más de las muchos aspectos originales que ofrece la película. Y curiosa, también, la “alianza” de Peeta con el grupo aparentemente más peligroso de tributos, que se unen y van a la caza y captura de Katniss. No me quedó claro por qué el chico no se pega a su compañera de Distrito desde el comienzo de los juegos, dado que, luego, él mismo le echa un cable para huir del enjambre de abejas venenosas. En cualquier caso, Katniss se encuentra con la inesperada ayuda del personaje más entrañable de la película, la pequeña Rue. Nos dan poco tiempo para conocer a la joven tributo del Distrito 11, pero es más que suficiente para encariñarse con ella y para pasar un mal trago en la escena de su muerte. Brillante Jennifer Lawrence aquí, cómo refleja el dolor y la soledad de su personaje tras la muerte de Rue. Y qué duda cabe de que la escena en que saluda al público, tras el emotivo entierro de su amiga, es una de las más bonitas de toda la película.

 En la parte final, Katniss y Peeta se reúnen, por un repentino cambio en las reglas: cuando se anuncia que podrá haber 2 ganadores, siempre que pertenezcan al mismo distrito, la chica va en busca de su compañero. Y vaya con Peeta y sus camuflajes, tremenda esa casi conversión en piedra, poniendo también un toque de humor en este tramo romántico, plagado de escenas íntimas y emotivas de los dos protagonistas, ocultos en su cueva, donde pasan de fingir estar enamorado a estarlo realmente, beso a lo Gran Hermano incluido. Me pareció un poco acelerado, por poner una pega, el desenlace final, se le podía haber sacado más partido a ese tremendo monstruo que introducen en la partida o a la pelea final con Cato.  Pero el final del juego, en el que Katniss y Peeta dejan en evidencia ante todo el público a los organizadores, lo compensa.

 Ya he comentado lo mucho que me gustó Jennifer Lawrence, que eclipsa, de principio a fin, a su coprotagonista, Josh Hutcherson…¡qué gusto encontrar, por fin, a una gran protagonista femenina! Otra sorpresa agradable del reparto ha sido Lenny Kravitz. Destacar también la ambientación, la fotografía, y, sobre todo, el vestuario, más que peculiar. La banda sonora tiene grandes momentos, como la escena de la muerte y el entierro de Rue, aunque para mi gusto es mejorable…y se echan de menos los temas de la banda sonora alternativa, que apenas se pueden escuchar en los títulos de crédito. Me hubiera encantado, por ejemplo, escuchar la preciosa “Safe & Sound” de Taylor Swift en el momento cueva de la pareja protagonista.

 En suma, una gran película, mezcla de realidad, fantasía, ciencia ficción, romance y épica, que nos presenta un mundo fascinante, con una protagonista carismática y con un trasfondo político en el que nos quedamos con ganas de profundizar…tocará esperar al año que viene, y acudir, mientras tanto, a la saga literaria.

Crítica de Amanecer, Parte I

“Puedes huir de alguien a quien temes, puedes intentar luchar contra alguien a quien odias. Te quedas sin opciones cuando amas a tu potencial asesino. ¿Acaso es posible huir o luchar si eso causa un grave perjuicio a quien quieres? Si la vida es cuanto puedes darle y de verdad le amas por encima de todo, ¿por qué no entregársela?”

Así comienza el cuarto libro de la saga “Crepúsculo”: “Amanecer”. Unas breves líneas de su prefacio que dejan bien claro de qué va la historia: no es una historia de terror, ni de acción o de aventuras, por mucho vampiro y hombre lobo que aparezca en ella. Por si a alguien aún no le ha quedado claro, es simplemente una historia de amor. De amor y de sacrificio: el que hace Bella, dispuesta, ya sin más dilación en esta cuarta parte, a dar su vida para pasar la eternidad con Edward. Los fans de la saga así lo entendemos y no esperamos, o al menos yo no esperaba, ver otra cosa en el cine. Aquellos que sí lo esperaran, a estas alturas, francamente podrían haberse ahorrado el precio de la entrada y las 2 horas de su tiempo. Dicho esto para contrarrestar las críticas destructivas que circulan por ahí, no negaré que la película tiene sus fallos. Pero, por encima de todo, creo que, al igual que con las anteriores, se ha conseguido una más que decente adaptación del libro de Stephenie Meyer.

Pero vamos con la historia de “Amanecer”, que está dividida en tres partes claramente diferenciadas: boda, luna de miel y embarazo. De ellas, he de admitir que a mí las dos primeras se me hicieron un poquito largas. Pero partiendo de la base de que el último libro se había dividido en dos películas, tampoco había mucho más que contar en esta primera parte.

La película no se anda con preámbulos y va directa a la “boda del año”, en un tramo emotivo y en general bien llevado. Me gustó sobre todo el detalle de retomar la banda sonora de la primera película durante la parte central de la ceremonia. Me gustó también la actuación de los dos protagonistas, en su línea, quizá un tanto más empalagosa de la cuenta, pero a fin de cuentas el momento lo requería. Y me gustó la participación de Jacob en este tramo, captando la esencia de los libros en su breve conversación con Bella y en su triste y brusco final. Tampoco falta el toque cómico de Charlie en su discurso de boda, aunque el resto de intervenciones “humorísticas” para mí estaban de más y se las podrían haber ahorrado, pero supongo que algún diálogo debían tener los compañeros de clase de Bella o su insustancial madre, esa extraña mujer que se muere de alegría al ver casarse a su hija de 18 años.

En la luna de miel, tiene lugar el momento, probablemente, más esperado por los fans de la saga, cuando Edward y Bella “consuman” su recién estrenado matrimonio. Y desde luego que nos podemos recrear en la escena, a la que no le falta detalle, con los divertidos nervios iniciales de la novia, depilación exprés incluida, o el bonito tramo, tan fiel al libro, del baño a la luz de la luna, o, por supuesto, el momento “cama destrozada”, que nos indica claramente los esfuerzos del pobre Edward por mantener el control y no cargarse a Bella en plena acción. Destaco de nuevo la fidelidad al libro y también la química entre la pareja protagonista, que obviamente debió disfrutar de lo lindo rodando esta película.

    fabricando a Renesmee….
                                                                                                                                                                                                    

El resto de la luna de miel no aporta mucho más, salvo unos bonitos paisajes, hasta llegar al momento clave: el inesperado embarazo de Bella, descubierto tras un extraño antojo mañanero en forma de alitas de pollo. Y si el shock inicial de Edward no tiene desperdicio, el resto del periodo de gestación no se queda atrás: el bebé semihumano-semivampiro está dispuesto a ver el mundo bien rapidito y a consumir a su madre en el camino. Pedir un Oscar al mejor maquillaje quizá sea excesivo pero, desde luego, nadie negará que la rápida degradación de Bella durante su embarazo está muy bien conseguida y que la pobre Kristen da auténtica grima. De hecho, si su marido no pidió en esos momentos la anulación del matrimonio, qué duda cabe de que su amor es para siempre. Y lo mismo o más se puede aplicar a Jacob, que se enfrenta a toda su manada para proteger a Bella cuando los lobos amenazan con matarla para deshacerse del monstruito que lleva dentro.

Bella y Edward se ocultan en casa de los Cullen, esperando que Carlile pueda hacer algo por ayudarla, pero la “cosa” que hay en su interior, como bien dice el doctor, es incompatible con la vida de Bella. Edward y Jacob (qué mal lo pasa el pobre en esta película, para variar) intentan convencerla para forzar un aborto, pero a la chica se le ha desarrollado un sorprendente y repentino instinto maternal. En realidad, lo que Bella siente es una profunda conexión con su bebé casi desde el primer momento, algo en lo que se ahonda más en el libro y que puede despistar a los no lectores por ese empeño sin sentido en tener al bebé. Finalmente, el propio Edward descubre esa conexión cuando comienza a leer los pensamientos de su hijo. Todo un bebé prodigio, desde luego, que debería haber echado una mano a sus padres en la elección de su nombre. Bella, en un alarde de originalidad, y en la que para mi gusto es la peor escena de la película (y de las más absurdas del libro) decide poner a la criatura “Edward Jacob” si es niño y la combinación de los nombres de su madre y su suegra, Renesmee, si es chica. En fin, se lo perdonamos por el estado en que se encuentra…

y esto por no usar condón…
 

 Y llegamos al otro momento estrella: el parto. Desde luego, quien diga que los embarazos son una bendición no ha pasado por el infierno de Bella. La escena en que el precioso bebé le rompe los huesos a su madre moribunda es estremecedora. Y aprovecho para romper una lanza aquí a favor de Kristen Stewart, a la que tanto han criticado por sus dotes interpretativas. No lo tenía nada fácil en esta película, y sale del paso más que bien. Tampoco está nada mal en este tramo Robert Pattinson, reflejando la angustia de Edward en esos minutos agónicos en los que tiene que asistir el parto de su hija mientras convierte a su mujer en vampira. Que tomen nota los padres que se desmayan en el paritorio.

Dejo un párrafo para Jacob y su momento estelar: la imprimación de Renesmee. El pobre Jake soporta estoicamente la boda de Bella, e incluso su embarazo. Pero, cuando cree que la chica ha muerto, estalla por fin y se dispone a matar a la responsable: su hija recién nacida. Pero, cuando ve a la niña, algo sorprendente ocurre: Jacob queda imprimado de la pequeña. Aunque el momento de la imprimación está bien, con líneas del libro calcadas en boca de Jake y hasta con los flashes de Renesmee, no se le da, en general, la importancia que tiene en el libro, y tanto este tema como el de los machos alfa de la manada de lobos, que justifica porqué Jacob puede comandar a su propio grupo, se tocan muy de refilón en la película. Una pena, porque quizá merecían más minutos que se le podían haber quitado a los felices recién casados sin mermar el romanticismo de la peli. Otra historia es lo que cada uno opine del tema de la imprimación. A mí, personalmente, no me gustó nada cuando leí los libros y, en el caso concreto de Jacob, me pareció una solución facilona para no dejar al pobre chico solo después de tanto sufrir por Bella. No todo el mundo tiene porqué tener un final feliz, eso suponiendo que ese extraño “hechizo” que anula cualquier sentimiento previo se pueda considerar como algo feliz. Y eso de que Edward y Jake acaben siendo suegro y yerno, en fin…

“Amanecer” termina de la mejor forma posible: con el despertar de Bella en su nueva vida, tras una bonita escena en la que vemos su proceso interior de transformación y algunos flashbacks de su historia, mientras suena de fondo “Love death birth”, probablemente el tema instrumental más bonito de la banda sonora.

Y así nos quedamos, con la nueva vampira sedienta de sangre y con Jacob imprimado del bebé de Edward y Bella. Un buen final y, como decía al comienzo de esta review, una buena adaptación. Personalmente, “Amanecer” nunca fue mi libro favorito de la saga, sino más bien al contrario, pero reconozco que me quedo con ganas de ver su final cinematográfico y no dudo de que el cierre de la saga estará a la altura…para sus fans. El resto, ya puede ir buscando una nueva cabeza de turco para el año próximo.

 

Crítica de One Day (Siempre el mismo día)

Aunque con un poco de retraso, no quería dejar pasar la oportunidad de escribir unas breves líneas comentando la película que ha sido, para mí, la más grata sorpresa, hasta ahora, de este 2011: One day (Siempre el mismo día). Una película que no aspiraba a ser uno de los grandes taquillazos de la temporada, que no tiene grandes efectos especiales, ni escenas espectaculares, pero sí una preciosa historia con la que buena parte de los espectadores podrán sentirse, en mayor o menor medida, identificados. Eso, al menos, me ocurrió a mí. Quizá por el día en torno al cual gira toda la película, curiosamente el día que yo escogería si tuviera que seleccionar una fecha señalada de este 2011. Quizá por los lugares donde transcurre la historia, París, Londres y, en especial, Edimburgo. Y, por supuesto, por la historia en sí misma…

Y esa historia es la historia de Emma y Dexter, contada, durante dos décadas, a través de un mismo día: el 15 de julio. Comienza cuando ambos acaban de terminar la universidad. Una noche de borrachera típica de las fiestas locas universitarias, en la que ambos están a punto de acabar en la cama. Pero circunstancias varias lo impiden y, a partir de ahí, ocurre algo que no esperaban: se hacen amigos. Es más, se convierten en mejores amigos el uno para el otro. Y, año tras año, siempre el mismo día, tendremos oportunidad de ver cómo evoluciona esa amistad. A veces más unidos, otras menos, pero siempre estando muy presentes uno en la vida del otro, vemos como Dex y Emma pasan de jóvenes a adultos, cada uno a su manera: Dexter, viviendo la vida loca durante tanto tiempo como le es posible, flirteos con el alcohol y las drogas incluidos, hasta que no tiene más remedio que madurar. Emma, tomándose las cosas, quizá, demasiado en serio y cometiendo algunos errores considerables como dejar atrás sus sueños por un trabajo que no la llena o conformarse con un buen chico que no es, a pesar de todo, el hombre del que siempre ha estado enamorada. Con el paso del tiempo, sin embargo, ambos acaban enderezando poco a poco sus vidas y, de una u otra manera, sus caminos vuelven a cruzarse. Al fin y al cabo, y como bien le dicen a Dexter al final “ella te hacía mejor y tú a ella la hacías muy feliz.”

Lo mejor de “One day” es que consigue que el público conecte con los personajes, que te creas su historia y que la vivas con ellos. Mezcla de forma perfecta situaciones divertidas, románticas, amargas o trágicas. Situaciones de la vida cotidiana que, sin embargo, o quizá precisamente por eso, consiguen emocionar. Buena culpa de ello la tienen los dos protagonistas, Anne Hathaway y Jim Sturgess, que brindan una interpretación sincera y emotiva y que conectan con una química muy especial de principio a fin. No me olvido de la banda sonora a cargo de Rachel Portman, en especial de ese precioso “We had today” que suena en la última escena, para mí, la mejor de toda la película, cuando vemos a unos jóvenes y despreocupados Dexter y Emma en la hermosa colina escocesa de Arthur site, solapándose en un estremecedor contraste con el mismo lugar donde termina su historia, cuando la vida ha pasado su correspondiente factura, 20 años después, un 15 de julio de 2011…

“One day” es, en definitiva, una película que conseguirá emocionar a cualquiera con un mínimo de sensibilidad y sentimientos. Y una película que nos recuerda la importancia de aprovechar el tiempo que tenemos con las personas que son especiales para nosotros. Personas que, en ciertos casos, podemos tener delante sin apenas darnos cuenta o sin tener el valor de reconocerlo hasta que, quizá, ya sea demasiado tarde.

Crítica de Harry Potter y las reliquias de la muerte, Parte II

Hace apenas una semana comentaba aquí lo difícil que me resultaba encontrar las palabras adecuadas que sirvieran como tributo a la saga de Harry Potter. Hoy, me encuentro con la misma dificultad a la hora de hacer la review de la última película. Podría decir tantas cosas…Podría decir que es, sin duda, la más espectacular, apasionante y emotiva de la saga. Podría decir que superó mis expectativas, que ya de por sí estaban por las nubes. Podría decir que es el broche de oro a toda una década de magia. Que todos los actores, tanto principales como secundarios, están inmensos. Que las dos horas que dura la película se me pasaron en un suspiro. Podría seguir así, llenando más y más párrafos…y me seguiría quedando corta. Así que simplemente intentaré dar un repaso general a esta película maravillosa, con aviso de SPOILERS y de nula objetividad por mi parte, y que cada cual juzgue por sí mismo cuando la vea.

Las Reliquias II comienza exactamente donde lo dejamos, allá por Noviembre del pasado año. Y nos deja apenas 5 minutos introductorios de respiro antes de pasar a la acción, que ya no parará en el resto de la película. Harry, Ron y Hermione averiguan la localización de un nuevo horrocrux y parten del refugio de la Orden al asalto de Gringotts. Me detengo aquí en la escena en que Hermione se hace pasar por Bellatrix, para resaltar el gran trabajo de Helena Bonham Carter, adoptando los mismos gestos de Emma Watson y brindándonos una de las escenas más divertidas de la película. Tremendo el asalto a Gringotts, la escena de la multiplicación de objetos en las cámaras es probablemente de lo mejor de toda la saga en cuanto a efectos especiales, y la huida del trío en el dragón no se queda atrás, además de brindar unas preciosas panorámicas de Londres y de los lagos del Norte de Escocia.

Y, por fin, Harry, Ron y Hermione regresan a Hogwarts, tras el breve encuentro con el hermano de Dumbledore y una corta mención a la trágica historia familiar. Una historia que han pasado muy por encima en el cine y que quizá habría merecido un poco más de detalle. Pero volvamos al centro de esta última película potteriana: la batalla de Hogwarts. Empiezo destacando el enfrentamiento de Harry y Snape, con una intensa escena en la que Harry acusa al nuevo director de traidor y asesino frente a todos los alumnos de Hogwarts y Snape acaba huyendo. Pero la alegría dura poco. Llega el primer toque de atención de Voldemort: Potter tiene una hora para entregarse o él y su ejército asaltarán el castillo. Mención especial aquí para la gran intervención de la profesora MacGonagall, se la echaba de menos y Maggie Smith está genial en su papel. Me encantó cómo defiende a Harry y, sobre todo, cómo organiza la defensa del castillo, una de las escena que particularmente más me han gustado, con las impresionantes estatuas de Hogwarts cobrando vida y los miembros restantes de la Orden lanzando sus hechizos protectores al cielo.

Llegamos a la calma antes de la tempestad final, en la búsqueda del siguiente horrocrux. Grande aquí, como siempre, Luna, solucionando con sus ideas extravagantes lo que parecía una misión imposible. No me cansaré de destacar el gran acierto de escoger a Evanna Lynch para el papel, que borda de principio a fin y que la convierte en uno de los personajes más entrañables de toda la saga, pese a aparecer sólo a partir de la 5ª película. Muy bien llevada, también, la escena de la Dama Gris.

Pero, sin duda, en este tramo de la película el corazón de todos los fans potterianos  estaba con Ron y Hermione en la Cámara de los Secretos, donde sabíamos que tendría lugar uno de los momentos más esperados de toda la saga: el primer beso de la pareja. Curiosamente, si bien la escena previa de la destrucción del horrocrux es brutal, me esperaba algo más del  “momento beso”, quizá por la rapidez con que sucede todo, o por esos planos tan alejados. Siendo una de las escenas más esperadas, te deja con ganas de haber visto algo un poquito más romántico…después de tantos años de espera. Aunque bien es cierto que no es momento para romanticismos. Gran final, en cualquier caso, para la mejor pareja potteriana, y grandes Rupert y Emma, que han sabido transmitir como nadie esa relación tan dulce y especial que Rowling creó en sus libros, aunque ambos queden un poco diluidos en esta última entrega.

Mientras le pelea continua en el castillo, con otro de los grandes protagonistas de esta última película, Neville, aportando un pequeño toque de humor para relajar el ambiente, nos vamos a la sala de los menesteres. Allí, asistimos al último enfrentamiento Harry-Draco, en otra memorable escena en la que Potter le hace ver a Malfoy que no es tan malvado como aparenta, para terminar rescatándolo de las llamas. Y sí, me encantó Ron en su momento de caballero andante de Hermione, tenía que decirlo…

No quiero olvidar las sobrecogedoras escenas que nos muestran los últimos chispazos de la conexión Harry-Voldemort, cuando el Señor Tenebroso se va debilitando conforme va perdiendo su alma cachito a cachito con la destrucción de los últimos horrocruxes. Da gusto ver a Voldemort vulnerable. Y Daniel Radcliffe demuestra que ya no es ese chaval que ponía caras raras hace unas cuantas películas y refleja muy bien esos momentos de angustia de Harry, intentando penetrar en la mente de su enemigo.

Y así, llegamos a la caza del, en teoría, último horrocrux: la serpiente de Voldemort, Nagini. Memorable la escena en que Harry, Ron y Hermione salen del castillo en busca de la serpiente, topándose en su camino con la batalla en pleno apogeo y viendo morir a sus compañeros a cada paso. Si alguien sigue diciendo, tras ver esto, que las películas potterianas son sólo para niños, es digno merecedor de una maldición Cruciatus.

Y vamos con el otro gran protagonista de Las Reliquias de la Muerte: Severus Snape. Cuando Voldemort descubre que su en teoría infalible varita no le obedece como es debido, porque Snape es su legítimo dueño (o al menos eso piensa él…), decide acabar con su fiel servidor. Una muerte cruel que es presenciada por el trío. Snape, en sus últimos instantes, ofrece un pedacito de sus recuerdos a Harry, y muere mirando a los ojos de su gran amor,  Lily Potter, a través de su hijo, en una triste y bonita escena. Lo que nos lleva a la parte del pensadero, que para mí ha sido la más grata sorpresa de toda la película. Es curioso, había multitud de escenas que me había imaginado miles de veces y que tenía marcadas como posibles favoritas. Y esta no era una de ellas. Pero ha terminado siendo, probablemente, la más conmovedora de toda la película. La historia del sacrificio de Snape y de su gran amor por Lily, la madre de Harry, no se podía haber contado de mejor manera y no creo que haya dejado a nadie indiferente. Grandísimo Alan Rickman y preciosos esos flashbacks que no sólo nos muestran la muerte de Lily, sino que nos dan un breve pero emotivo paseo por algunos de los mejores momentos Harry-Snape.

Me he saltado el momento en que Harry, Ron y Hermione regresan al castillo y descubren las muertes de Fred, Lupin y Tomsk. Aquí va el único pero que le puedo poner a la película: estos tres personajes, y, en especial, el gemelo Weasley, merecían un poco más de atención en su despedida. Cierto que en el libro tampoco la tuvieron, pero, dentro de las concesiones que se han hecho en la adaptación, ésta sin duda lo merecía. De hecho, creo que la falta de dramatismo en las muertes de personajes importantes como Sirius, Dumbledore o Fred es la principal pega que se puede poner a toda la saga cinematográfica de Harry Potter.

 

Y pasamos ya al tramo final. Daniel Radcliffe se convierte, en el desenlace, en el protagonista absoluto (con permiso de Neville) y la verdad es que su actuación está a la altura de las circunstancias. Gracias a los recuerdos de Snape, a Harry se le revela la terrible verdad: él es el horrocrux que Voldemort nunca quiso crear, de ahí su cercana conexión y de ahí que el chico deba sacrificar su vida si quiere destruir a su enemigo. Harry acepta su destino, y parte al bosque para enfrentarse a Voldemort. Nos encontramos aquí con una escena que no está tal cual en los libros, pero que realmente merece la pena introducir: la despedida de Harry, Ron y Hermione. Otra gran escena, sin duda de las más esperadas, era la de la piedra de resurrección. Y no decepciona en absoluto: muy fiel al libro y sin duda de las que habrá hecho saltar más de una lágrima.

Llegamos, por fin, a la “muerte” de Harry. Otro momento clave en el que, por cierto, vemos por primera vez en toda la película al desaparecido Hagrid, que es testigo principal del escalofriante “Avada kedavra” de Lord Voldemort. El rayo verde nos traslada a una blanca, inmaculada y fantasmal estación de King´s Cross. Allí, tiene lugar el reencuentro de Harry y Dumbledore y el viejo profesor se despide de nosotros con una emotiva conversación con su alumno predilecto. Una aclaración para todos aquellos que aún piensen que Harry resucita: Voldemort no mata a Harry en ningún momento, sino a la parte de sí mismo que vivía dentro de Harry…al Horrocrux que creó accidentalmente, y que se personifica en esa horrible y deforme criatura que Harry encuentra en su limbo particular y que creo que refleja a la perfección la idea que todos los lectores potterianos podíamos tener.

El desenlace final presenta algunos cambios respecto al libro, en mi opinión bastante acertados. La “resurrección” de Harry se desarrolla fielmente a la obra de Rowling, con excepción del heroico discurso de Neville…que yo al menos, sinceramente, creo que hubiera quedado mejor en boca de Ron o Hermione. A la pareja, a cambio, se le concede la gran escena de la lucha contra Nagini, respetando el hecho de que es Neville quien finalmente acaba con la serpiente, lo que realza aún más el, en mi opinión, exceso de protagonismo de este personaje, que se puede entender en los libros pero que resulta un tanto desproporcionado en las películas. Gran actuación, en cualquier caso, de Matthew Lewis y  bonita pareja la que forman Neville y Luna, una de las gratas sorpresas de la película.

Otro cambio es que la pelea final entre Harry y Voldemort se amplia bastante respecto al libro, pero desde luego merece la pena, y mucho. La muerte de Voldemort es sin duda espectacular y hace justicia a la historia original. Eché de menos un poco más de emotividad en el momento de la victoria. Quizá, un beso entre Harry y Ginny, que están excesivamente sosos y fríos a lo largo de toda la película. O más entusiasmo entre el bando ganador. Preciosa, en cualquier caso, la escena final de Harry, Ron y Hermione, cogidos de la mano entre las ruinas de Hogwarts. Para mí, hubiera sido un cierre perfecto sin necesidad del epílogo.

Respecto al epílogo, admito que, en su día, fue lo que menos me gustó del libro, pero me gusta cómo lo han trasladado a la película y ha quedado bastante bien. Es bonito ver cerrarse el ciclo, con la nueva generación de Potter y Weasley subiendo en el tren rumbo a Hogwarts, y la música de las primeras películas sonando de fondo. Podían, eso sí, no habernos mostrado a Malfoy como a un vejestorio o a Ginny como a una señora de los años 50. ¡Pero al menos respetan a los tres protagonistas!

No quiero olvidar mencionar la preciosa fotografía, una vez más, sobre todo al mostrar la tétrica atmósfera que envuelve Hogwarts y que predomina a lo largo de toda la película. Los efectos especiales son, como ya he comentado, de los mejores de toda la saga. Y la banda sonora de Alexandre Desplat está a la altura, quizá no en la primera escucha, pero sí al encajarla en la película, con temas preciosos como el Lily´s theme y otros intensos y muy adecuados para su momento particular, como  “Statues”.

Sólo me queda dar las gracias por toda esta década mágica que ya forma parte de la historia del cine y que hemos tenido la suerte de vivir y disfrutar. ¡Hasta siempre, Harry Potter!

NOTA: 10

LO MEJOR: TODO

LO PEOR: QUE SE HAYA TERMINADO

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Crítica de Cisne negro

 

Natalie Portman ha ganado todos los premios posibles hasta la fecha por su trabajo en “Cisne negro”. Sólo le falta culminar la trayectoria haciéndose con el Oscar a mejor actriz, un galardón que casi todo el mundo asume que ya tiene prácticamente en el bolsillo. Yo, después de ver la película, me sumo a la opinión general y lo único que puedo decir es que sería una locura que la estatuilla no fuera para Natalie. Ella es el alma de “Cisne negro”, una película que debe toda la fuerza, la atracción y, por qué no, la locura que transmite, a la sublime interpretación de su protagonista.

“Cisne negro” nos propone una historia sencilla y en principio no excesivamente original: la historia de Nina (Natalie Portman), una joven y prometedora bailarina de ballet obsesionada con alcanzar la perfección. Una obsesión que llegará a su extremo cuando le otorgan el gran honor de interpretar el papel principal en “El lago de los cisnes”.  Lo que en principio parece una oportunidad única para lanzar su carrera, se convierte poco a poco en una pesadilla y la presión externa, unida a su propia obsesión, harán que Nina se vea inmersa en una espiral de creciente locura y autodestrucción. Y es en ese viaje tormentoso por los más oscuros desvaríos de la mente humana donde está la grandeza de esta película, tanto o más  intensa que “Requiem por un sueño”, el otro gran referente de su director Darren Aronofsky.

La película nos atrapa desde el primer minuto con su escena inicial: el perturbador sueño de Nina. Después, nos da un pequeño respiro en su primera parte, donde aún predomina la presencia del “cisne blanco”, que no es otro que la dulce, bella e inocente bailarina que sueña con ser la estrella de su compañía. Un sueño que se convierte en realidad cuando consigue el papel principal de la nueva versión de “El lago de los cisnes”.  Pero hacer realidad su sueño tiene un precio: perder el control, dejarse llevar y dar rienda suelta a sus más oscuros impulsos, a su lado más sensual y salvaje que ha estado conteniendo toda su vida: dejar paso al cisne negro.

el profe salido calentando a su alumna

El segundo acto de la película es la transformación de Nina. Una transformación incitada por el jefe de su compañía de baile, Tomá Leroy, (Vincent Cassel) que propone tareas tan “curiosas” a su alumna estrella como masturbarse…algo que la pobre Nina tiene la mala fortuna de probar en presencia de su controladora madre, otra de las causantes de su paranoia. El deterioro de la relación madre-hija es otra de las claves de este tramo, donde Nina pasa de llamar exultante a su madre tras haberle sido concedido el papel de reina cisne, a acusarla de fracasada en su cara o a atrancar las puertas de su dormitorio para impedirle el paso. Y la verdad que no es de extrañar, una madre así nos volvería loco a más de uno…

Pero, sin duda, la principal causante de la locura de Nina es Lily (Mila Kunis), una compañera que en principio parece trabar amistad con nuestra reina cisne, pero que luego se revela como su más seria competidora. Lily es el catalizador que despierta el lado sensual de Nina y la escena lésbica que ambas comparten habrá llevado a la locura a buena parte del público masculino.

las plumas del cisne negro

En su proceso de transformación, Nina comienza a tener extrañas y perturbadoras visiones, que irán empeorando poco a poco (la del viejo verde del metro es un buen ejemplo de ello), al igual que sus autolesiones… cortarse las uñas ya no va a ser lo que era tras ver esta película!

Y llegamos al tramo final: el reinado del cisne negro. La locura de Nina alcanza su punto culminante la noche antes del gran estreno, donde, aparte de experimentar sus visiones más espeluznantes, nos brinda una espectacular conversión física, que se completará el día del gran estreno. La bella bailarina del inicio da paso al temible cisne negro, y a la chica no le falta un solo detalle: las patas zancudas, las incipientes plumas negras, los escalofriantes ojos rojos… Llegados a este punto, nada ni nadie puede parar ya a Nina. El cisne negro se eleva en todo su esplendor, en un apoteósico acto final, tanto en los camerinos como en el escenario. Y la reina cisne alcanza, por fin, la perfección…a un alto precio.

Sí, estoy loquísima, no me mires así…

No sería justo pasar por alto el buen trabajo de los secundarios, empezando por Vincent Cassel en su papel del odioso Leroy, Mila Kunis que borda las dos caras de Lily y, finalmente, Winona Ryder,  en un papel que le viene al pelo: el de una vieja gloria en plena decadencia.  Tampoco hay que olvidar la preciosa banda sonora de Clint Mansell, que encaja a la perfección con el ritmo de la película y con las sensaciones que se nos transmiten en cada escena.

Pero, como decía al comienzo de la crítica, Natalie Portman es el alma de “Cisne negro”. Y si el trasfondo de la película es la transformación de Nina de cisne blanco a cisne negro, que tan poco probable parecía al comienzo, quizá muchos espectadores hayan podido tener las mismas dudas en cuanto a la habilidad de Natalie Portman para mostrar dicha transformación. Como ocurre con Nina, es más fácil visualizar a Natalie dando vida al cisne blanco. Me vienen a la mente, por ejemplo, sus interpretaciones de aquella chica dulce que ofrecía un funeral en toda regla a sus mascotas fallecidas en “Algo en común” o, cómo no, el dolor y el sufrimiento de Padme al ver a Anakin sumergido en el lado oscuro en “la venganza de los Sith”. Pues bien, sí, en”Cisne Negro”, ha sido el turno de Natalie de visitar el lado oscuro. Un lado oscuro muy particular: el de la mente humana, el que controla la locura, la obsesión, el afán por la perfección, el miedo al fracaso en su máximo exponente. Y Natalie Portman borda ese paso de cisne blanco a cisne negro. Su actuación es hipnótica de principio a fin, nos arrastra sin remedio con la locura creciente de su personaje, nos hace sentir esa locura con cada pequeño paso que la adentra más en ella. Su actuación es cautivadora, conmovedora y escalofriante a la vez. Su actuación es, por definirla con las palabras de despedida de Nina, sencillamente “perfecta”.  Que nadie dude, tras ver esta película, que el Oscar a mejor actriz este año ya tiene dueña.

 

NOTA: 9

LO MEJOR: NATALIE PORTMAN

LO PEOR: EL REPUGNANTE VIEJO VERDE DEL METRO